Segunda parte de “La vocación, ‘esa otra cosa'”

“¿Cómo estás?”

“En septiembre de 2012, estando en el tercer año de residencia de medicina, hice un retiro de silencio, y me quedé con una sola pregunta: ‘¿Cómo estás?’ Ese día pude, por primera vez, escucharme y escuchar también lo que Dios quería de mí”, asegura Román.

Frei Leonardo, nombre que Román tomó como propio al consagrarse en la Fraternidad San Francisco de Asís en la Providencia de Dios, entiende la vocación como un pasaje de Esdras que dice: “Me sentí movilizado por Dios para reconstruir su templo”.

“Dios vino, sopló con su voz. Tengo la confirmación de que Él fue quien me habló por medio de mis propias palabras. Y ahí escribí, escribí, y confirmé que lo que quería era entregarle mi vida totalmente. Me sentí apasionado y amado por Dios, como un sentimiento real, entré en éxtasis: había descubierto la verdad”.

En aquel momento, frei Leonardo buscó guiarse con un director espiritual para comenzar un camino real de discernimiento. “Al poco tiempo conocí la vida de San Francisco de Asís y me apasionó. Vi en el modelo de ideal de Francisco, lo que siempre había estado dentro de mi corazón y a lo que Dios me llamaba. El carisma franciscano era lo que quería vivir”, recuerda con alegría.

En este sentido, el joven tandilense asegura que “el único lugar donde está escrita la vocación es dentro del corazón, por lo cual sólo podemos leerla nosotros mismos. Aquí, frei Leonardo remarca la fidelidad y la coherencia como herramientas fundamentales: “Si empezás a ver qué dicen o qué piensan los otros, te volvés loco”.

“Me sentí apasionado y amado por Dios, entré en éxtasis: había descubierto la verdad”

“Yo te llamé a cuidar la salud de los pobres”

En el camino de discernimiento de nuestro protagonista, surgió la oportunidad de hacer una experiencia en una comunidad franciscana en Brasil, “pero no era la identidad carismática que yo sentía que estaba escrita en mí; y como soy perseverante empecé a buscar por internet los distintos carismas franciscanos”, relata Román.

“Cuando conocí la Toca de Asís, sentí que existía esa radicalidad, cómo yo queria vivir el llamado. En aquel momento pensé: ‘Si me la voy a jugar, lo voy a hacer en un lugar donde se viva realmente lo que yo quiero vivir’”, recuerda.

Frei Leonardo entró a la Toca de Asís sabiendo que iba a ser muy difícil conciliar su vocación a la medicina con el carisma de la comunidad. “Los tres años de Toca fueron muy sufridos, fueron años de una formación humana grande en los que me conocí, me caí del caballo, me di cuenta que Dios no llama a las personas según sus dones, sino según sus miserias, que llama a los más pobres, y que lo único que nos pide es el abandono en Él”.

Dios no llama a las personas según sus dones, sino según sus miserias

“En este tiempo, reconocí que yo no soy nada. En perpetua adoración, en la presencia eucarística, Dios se me reveló, dándome el don de entender que no soy nada y Él es todo. Y sin que pasen cosas mágicas, aclara, “sino en la inspiración y convicción de que eso era así”.

“Empecé a trabajar un montón de cuestiones de mi historia: el perdón, las heridas, y otras cosas cosas gracias a las cuales estaba ahí”, enumera, y caminando en esos tres años, veía claro que estaba escrito un mensaje: “Yo te llamé a cuidar la salud de los pobres”, asegura.

“Abandonar lo que creí que era mi vocación”

“Con mucha lucha y dificultad estuve en la Toca de Asís tres años, pero sentía que en ese lugar no iba a poder vivir con libertad lo que Dios me llamaba a vivir. La salud de los pobres para mí era la prioridad”, sostiene.

Llegó un punto en el que “no dio para más”, reconoce. “Dios me hizo ver que me había hecho exactamente como Él quería que sea, con mis imperfecciones y mis dones, para que los coloque al servicio en mi totalidad, y gracias a eso pude decidir salir de la Toca”

Al dejar la comunidad, el franciscano sintió estar “abandonando la vocación”, “fue el momento más difícil de mi vida”, recuerda. “Hasta ese momento ya había dejado mi familia, mi trabajo, mis amigos, mi patria, mi cultura, mi idioma, mi profesión, mis bienes. No me quedaba nada, sólo la vocación… Y para encontrarla, tuve que abandonar hasta lo que creí que era mi vocación”.

“Caí en un desconcierto muy grande, no conseguía armar el rompecabezas de mi vocación. Con el tiempo, entendí que me había abandonado realmente a los brazos de Dios. Él sabía que yo había intentado de todas las maneras posibles, y ahora me abandonaba a que me dijera por dónde era”.

Fue en ese momento cuando frei Leonardo comprendió que Dios estaba confirmando su vida consagrada: “Entendí que esa identidad carismática no era lo que Dios me pedía. Pero me abrió las puertas para encontrar el lugar que estaba guardado en el corazón”, afirma.

“Te invito al proyecto de vida que anhelaste siempre”

Al encontrar su verdadero carisma, Román sintió mucha paz: “Me sentí yo, sentí una identidad con el carisma. La vocación tiene eso: ‘Te invito a un proyecto que es exactamente el que vos anhelaste siempre y querés en tu corazón’. Tal vez no ejerzas las cosas como pensabas pero terminás siendo lo que Dios quiere que seas, por medio del carisma”.

En la Fraternidad, explica frei Leonardo, “sea cual sea la acción que yo haga, el carisma está cuidando de la salud de los pobres, y eso es lo más valioso de la identidad vocacional: que tenga el mismo proyecto de vida que vos, que para mí fue la parte más difícil”.

Y enseguida, afirma: “Hoy siento que estoy respondiendo al llamado que Dios me hizo desde siempre, y tanto me costó encontrar. Lo importante es vivir con coherencia lo que está en el corazón. No podés conformarte con cualquier cosa, porque si Dios lo puso en tu corazón es porque existe”, asevera el religioso.

EN LA FRATERNIDAD ENCONTRÉ EL CARISMA EN EL QUE CONSIGO SER YO EN MI TOTALIDAD

La Fraternidad

La Fraternidad San Francisco de Asís en la Providencia de Dios tiene 35 años de historia. Surgió como inspiración de un sacerdote diocesano que quiso recobrar uno de los rasgos más esenciales de San Francisco: abrazar al leproso. Entre sus proyectos, se destaca el “Barco Hospital Papa Francisco”, que nació de un deseo del Pontífice y hoy navega el amazonas llevando atención médica y odontológica a las comunidades de la ribera que no tienen acceso al sistema de salud.

“Ese pasaje marcó la vida de nuestro fundador, que además es enfermero, y vio al leproso actual en el enfermo y excluido, especialmente en el adicto. Sintió que tenía que cuidarlos, viendo en ellos al Cristo crucificado”, resume. “Al ver la necesidad de fundar un hospital, empezó a entender que Dios llamaba a cuidar a los enfermos hasta el final de su vida, y surgió el carisma con tres dimensiones que invitan a ser vividas en esa esencia: la contemplativa, la asistencia en salud y la misionera”, detalla.

Un sacerdote diocesano que quiso recobrar uno de los rasgos más esenciales de San Francisco: abrazar al leproso

“Lo que me faltaba encontrar en mi vocación era el lugar que ocupaba la medicina, aunque siempre me identifiqué con la vida misionera. Descubrí al Cristo Eucarístico en la Toca, mi dimensión contemplativa y parte de mi identidad; y en la fraternidad encontré el carisma en el que consigo ser yo en mi totalidad“.

Román siempre supo que la medicina era parte de su vocación, pero tras un largo camino, pudo entender que no era una simple profesión, sino que era “un sentido más de su esencia”, explica, y concluye: “En este carisma terminó de completarse y de encontrar lugar todo lo que soy”.

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