Mientras el padre Giorgio preparaba el altar, con mis compañeros de la pastoral ultimábamos detalles para determinar los lectores y los cantos. Algunos, cada tanto, miraban al pasillo para chequear si vendría alguien más. Pero estábamos en el último piso y, como ya había terminado la cursada, la facultad estaba desierta. Ibamos a hacerlo: celebraríamos misa en un aula de la sede de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, y cantaríamos el gloria en el día del apóstol y mártir Santo Tomás, el miércoles 3 de julio de 2019.

Como ovejas en medio de lobos

A principios del 2018 ni me hubiese imaginado que esto podría suceder. En ese entonces, recién estábamos en marzo, comenzaba la campaña por el aborto legal y yo empecé a predecir lo que me esperaba. Como estudio Comunicación Social y debo estar atenta a los temas de actualidad, supe que me iban a mandar a hacer trabajos sobre el tema. Pensarlo me angustiaba, me ponía nerviosa. Llegué a pensar en cambiarme de facultad. “Abandonar cuando las cosas se ponen difíciles no es de cristiano”, dijo ese día el sacerdote de mi parroquia en la homilía, como si hubiese adivinado lo que me estaba pasando.

Así que no me cambié. Arranqué el cuatrimestre con mucho miedo, y un poco a la defensiva. Me sentía sola, un bicho raro. Empecé a darme cuenta de que lo obvio de pronto dejó de ser tan obvio, y lo que me parecía una locura, se convirtió en algo natural en la conversación cotidiana. Le conté a un amigo lo que me estaba pasando y, sin intención de ofenderme pero tratando de ser realista, me dijo: “Es muy difícil que encuentres a alguien que piense como vos en esa facultad.”

Hasta entonces, aún no tenía un grupo de pertenencia con quien compartir la fe, me sentía algo perdida en ese contexto social. Empecé a buscar una comunidad. No podía seguir caminando sola. Decidí ir al Encuentro Nacional de Jóvenes en Rosario, y así conocí al grupo de jóvenes de la parroquia Santa María, y a Santiago, que estudia sociología y cuando me dijo dónde estudiaba, se me iluminaron los ojos: en la Facultad de Ciencias Sociales.

Uno de los trabajos que me mandaron a hacer sobre el aborto fue en el taller de radio. Era en grupo. Mis compañeros ya se habían convertido en amigos, y respetaron siempre mi forma de pensar, aunque todos disintieran. Les pedí preparar personalmente ese tema y llegamos al acuerdo de “formular las dos posturas”. Una de las chicas del equipo sugirió que habláramos de Grávida, una fundación que ayuda a las embarazadas en situación de vulnerabilidad. De esa forma conocí a Agustina, voluntaria en Grávida, la entrevisté y cumplimos la consigna.

Al conocer a Agus, se encendió un rayito de esperanza en mi corazón: también estudia Comunicación Social en la UBA y forma parte del Movimiento de la Palabra de Dios. “Santi, Agus y yo. Ya somos tres. Podemos juntarnos a rezar en la facu de vez en cuando”, pensé. Le comenté a Agus mi deseo, sin saber que el Señor estaba preparando algo más grande.

“Sociales por la Vida” se dio de forma espontánea. Ya había aparecido en Instagram la cuenta “UBA por la Vida”, “Ingeniería por la Vida”, “Medicina por la Vida”. A los pocos días, me sumaron a un grupo de WhatsApp de veinte personas, que pronto se volvieron cincuenta, para organizar una causa pro vida dentro de la facultad y ser un acompañamiento mutuo. Descubrimos que eramos muchos los que compartíamos la misma fe y el mismo amor por Jesús. El 14 de agosto de 2018, pocos días después del rechazo a la ley del aborto en el Senado, se creó el grupo “Pastoral Fsoc”, con unas trece personas entre evangélicos y católicos.

Después las cosas fueron caminando solas. El Señor juntó de a poco el rebaño a través de cosas simples. No tenemos aún redes sociales, por lo que cada persona nueva que se sumaba se encontró con nosotros a través de la Providencia. Hay tres monasterios en frente de la facultad. Sí, tres. Las Hermanas Carmelitas Descalzas, y las Hermanas y los Hermanos del Cordero.

“Su lema fue confirmado por los pobres”

A las Hermanitas del Cordero las conocí un día que estaba muy angustiada y necesitaba un lugar donde rezar. El monasterio está de camino entre el subte y la facultad. La capilla se veía desde afuera y siempre que pasaba para ir a la facu me daban ganas de rezar un rato. Esa vez, les toqué el timbre y les pedí si podía entrar unos minutos para hacer una oración. Tiempo después, me enteré que esa capilla se encontraba dando a la calle con las ventanas abiertas porque el entonces cardenal Bergoglio había pedido que estuviera a la vista para los estudiantes de la Facultad de Sociales. Las hermanas habían querido moverla para el interior del monasterio para que sea más espaciosa, pero el ahora papa Francisco les rogó que no lo hicieran.

Las hermanas me invitaron a una cena de jóvenes que organizan cada jueves. Allí conocí al padre Giorgio y a Nacho, un estudiante de Ciencias Políticas, que luego se sumó al grupo. Ambos son del movimiento Comunión y Liberación. Cuando el padre Giorgio se ofreció a guiarnos en la pastoral, no lo podía creer. Un sacerdote disponible no es muy fácil de encontrar: fue un regalo caído del cielo.

Agustina, el padre Giorgio y yo preparamos juntos el último encuentro del cuatrimestre de la Pastoral Fsoc. Giorgio sugirió que meditemos la parábola del sembrador, y para la invitación, Agus hizo un flyer con la frase: “Amensé unos a otros”.

Al terminar la reunión, fuimos al almuerzo comunitario que organizan todos los sábados las Hermanas del Cordero, con personas de distintas clases sociales. Había una mujer muy humilde, que siempre comparte una palabra del Evangelio que el Espíritu Santo le inspira. Ese día, llevó dos escritas: la parábola del sembrador y el mandamiento del amor. No lo podíamos creer: ambos pasajes coincidían con los que habíamos pensado para el encuentro ese mismo día. Aquel signo fue una gran alegría. Antes de irnos, una de las hermanas nos comentó: “Su lema fue confirmado por los pobres”.

¿Qué hace la Pastoral Fsoc?

Nuestra misión es practicar el amor en el ambiente que frecuentamos todos los días. En los encuentros tratamos de formarnos para poder ejercitar la tolerancia, la escucha y la empatía en lo cotidiano de nuestra realidad universitaria. Somos compañía uno del otro; nos reunimos a estudiar, rezamos oraciones cortas entre las clases y, de vez en cuando, asistimos juntos a misa.

Cada uno de los que formamos parte de la pastoral pertenece a movimientos o parroquias diferentes. Los carismas son varios. Sin embargo, tenemos un objetivo en común: ser comunidad en medio de nuestro entorno diario, vencer la división entre lo secular y lo religioso, ser iglesia unida y en salida. Eso significa llevar a Jesús. Es importante invitar a nuestros amigos a la iglesia, pero más importante es serlo, porque solo de esa manera podemos llevarla con nosotros a donde quiera que vayamos.

  • Si sos estudiante de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y sos católico, ¡ponete en contacto con los chicos de la pastoral! Mandales un mail a pastoralfsoc@gmail.com.

Un comentario sobre “Ser Iglesia en la universidad

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