Todos necesitamos un lugar donde nos cuiden, nos contengan, nos hagan sentir importantes y nos abracen los miedos. Todos necesitamos que nos tomen fuerte de las manos cuando queremos huir o sentimos que nos estamos hundiendo en la angustia y la tribulación. Necesitamos que nos ayuden a volver a nuestro eje cuando, desplazados por nuestras malas decisiones, perdemos el rumbo y el sentido de nuestra vida.

Quizás nunca nos pusimos a pensar en cuáles son nuestros refugios. Esos que nos salvan la vida todos los días. Esos que nos sostienen, que nos cubren de las tormentas, que nos hacen sentir el calor y la ternura, esos que siempre están ante la urgencia de los primeros auxilios, pero también esos que están y son consuelo, escucha y consejo cuando sentimos estar en terapia intensiva.

Los refugios son esos lugares donde hay personas que ponen el amor en acción. La familia, los amigos, los hogares, los comedores, el grupo de la parroquia. Son los lugares donde habitan nuestros “rescatistas” y donde la vida se cuida, se protege y se permite crecer. En los refugios la soledad es vencida y la sed de amor es saciada. Hagamos un mapa. Sí, un mapa y animémonos a ponerle nombre, dirección y rostros a nuestros refugios.

Identificar nuestros refugios y descubrirnos refugiados es el primer paso para hallar algo hermoso en nosotros mismos, una dimensión que nos revela una capacidad de amor y donación totalmente desconocida. Es que no sólo somos refugiados, sino que cada uno de nosotros tiene la oportunidad de ser refugio. Abrazo que contiene, consejo que orienta y mirada misericordiosa que devuelve la dignidad.

El llamado que nos hace Dios tan claro y fuerte de “Ámense los unos a los otros”, ¿no será acaso el llamado a convertirnos en refugios para otros? Pidamos a Dios que nos permita vencer los límites que nos pone el egoísmo para poder ver más allá de nuestras demandas personales y poder así convertirnos en esos refugios que tantas veces anhelamos para nosotros mismos. Después de todo, vos podés ser un rescatista. Vos también podés salvar vidas. Animate a ser refugio.

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