Llegó fin de año, ya estamos en diciembre… Falta poco para la Navidad y estamos cansados… Estamos pensando en las vacaciones, pero todavía nos queda un mes… Ya llega, pero todavía falta…. Este “ya pero todavía no” suele estar en nuestra vida cotidiana: pensamos en lo que está por venir pero todavía tenemos que hacer otras cosas. La cuestión es de qué manera hacemos lo que tenemos que hacer y no nos agrada tanto, o que nos agrada pero el cansancio nos lo hace más pesado…

Esta semana estamos comenzando el adviento[1], un tiempo de espera. Pero… ¿espera de qué? Ese “ya pero todavía no” también es el Reino acá en la tierra: imperfecto, con sus bemoles, con sus problemas… y con sus alegrías, su paz, su bienestar. Todavía no es el cielo en su estado perfecto. Eso lo alcanzaremos cuando partamos de este mundo o cuando Jesús vuelva como así lo prometió, en su segunda venida. Esperamos, entonces, que ese “todavía no” se convierta en “ya”. Esperamos ese cielo mientras andamos por este mundo. “Con los pies en la tierra y con los ojos en el cielo…”, dice una canción. Y en ese mientras tanto podemos vivir abrumados, desanimados, desesperanzados, angustiados… y no es la idea.

Por eso, la invitación en este tiempo es la de estar preparados, de velar, de poner el foco en lo importante, en lo esencial de la vida, en lo que vale la pena. En nuestro día hacemos muchas cosas, y más allá de lo que hagamos, deberíamos intentar que el corazón esté anclado en lo importante, o sea, en Jesús. Esa es la clave. Cuentan que San Martín de Porres (también conocido como Fray Escoba) un día estaba barriendo como de costumbre y un hermano se le acercó y le preguntó: “¿Qué harías si Jesús volviese hoy?”. Y Martín, con mucha sencillez, le respondió: “Seguiría barriendo”. Es que mantenía su lámpara interior encendida, con el foco puesto en lo importante.

Pensemos, por un lado, si en verdad tenemos la mira del corazón en su lugar o si se desvía en cosas secundarias… Pensemos de qué manera hacemos nuestras cosas de cada día… si nos las sacamos de encima o si de verdad intentamos hacerlas en su plenitud (viene bien recordar aquello de hacer las cosas ordinarias con un amor extraordinario). Jesús en unas semanas va a nacer y quiere hacerlo en nuestros corazones. Quiere iluminar nuestras vidas, darles pleno sentido. En este tiempo, intentemos barrer, como Fray Escoba, aquello que ensucia nuestro corazón, que nos quita la paz, que nos saca la alegría. No importa si estamos muy cansados, si estamos abrumados o desesperanzados. Jesús viene a hacer nuevas TODAS las cosas. ¿Creemos que lo puede hacer? ¿Esperamos realmente que Él lo haga? Jesús, simplemente, espera de nosotros nuestro SI, nuestra confianza, nuestras ganas…

En este adviento, vayamos hacia el encuentro (ad) de Aquel que viene (viento). Esperemos su llegada en paz y con alegría…


[1] #DatoNerd: Adviento viene del latín adventus que significa llegada. Tiene su raíz en el verbo advenire (ad: hacia; venire: venir)

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