“En Guadalupe encontré un grupo de contención, cariño y amistad, una familia y una palabra de aliento. Me sentí cuidada y querida”, confiesa una chica mendocina que, luego de un camino de acompañamiento, logró abandonar la prostitución y encontró su rumbo de vida. “Si me dieran a elegir, volvería a decirles que sí, porque es un grupo que nos enseña a valorarnos a nosotras mismas. Son una caricia al alma cada vez que tenemos un problema”.

La pastoral Guadalupe es un espacio del arzobispado de Mendoza que desde hace casi catorce años acompaña a mujeres en situación de vulnerabilidad: prostitución, víctimas de trata y chicas trans. Guiados por el padre Daniel Forconesi, párroco de la catedral Nuestra Señora de Loreto, un grupo de voluntarios recorre cada semana las esquinas de la zona roja de la capital mendocina, con una palabra que quiere reconfortar un corazón herido.

“¿Quiénes son los más pobres que tendrían que ser atendidos con más atención, con más predilección?”

“Desde un paradigma abolicionista de la prostitución, buscamos amarlas como son para transformarlas“, afirma Gabriela Marchesisni, una de las encargadas de la pastoral. En 2006, el padre Forconesi asumía la conducción de la catedral mendocina, ubicada en la cuarta sección de la ciudad, y percibió la necesidad de asistir a la población de esa zona. “¿Quiénes son los más pobres que tendrían que ser atendidos con más atención, con más predilección?”, se preguntó el sacerdote junto al equipo pastoral de la parroquia.

De un momento a otro, comenzaron a caminar las calles, a recorrer las esquinas y a entrar en contacto con las chicas que “trabajaban” ejerciendo la prostitución. El primer paso fue generar un vínculo de confianza y cercanía, la llamada “pastoral de la ternura” que, con un acercamiento respetuoso, intenta escuchar y ver las necesidades puntuales que tienen las chicas. “Descubrimos que muchas tienen ganas de estudiar o capacitarse para algún microemprendimiento”, nos cuenta Gabriela, quien comenzó la tarea desde los inicios con el padre Daniel.

A través de talleres de oficios, formación profesional y espacios de oración, se acompaña la realidad personal y comunitaria, con el propósito de brindarles una salida laboral alternativa al trabajo sexual y, además, ayudarlas a “sentirse dignas y generar fe en ellas mismas”. En cada taller se trabaja indirectamente lo espiritual y, con temáticas diversas, se abocan al desarrollo emocional de las chicas.

“Ayudarlas a sentirse dignas y generar fe en ellas mismas

Peluquería, pintura, tejido, manipulación de alimentos y ceremonial y protocolo son algunos de los talleres que funcionan en el centro de espiritualidad de la Orden de la Merced (Córdoba 554), que comparte el carisma y forma parte de la pastoral. Además, se las asesora en cuestiones legales. “El objetivo es que aprendan a tener el respeto por su persona, su identidad y, al mismo tiempo, incentivarlas para que dejen la prostitución y se alejen del peligro de la trata“, indica el padre Daniel.

“En los talleres aprendemos a tener paciencia en procesos que no son de un día para el otro, que llevan mucho tiempo. Pero lo vemos con esperanza de que hay algo mejor: lo que Dios espera de ellas, afirma Facundo, otro de los voluntarios que colabora en Guadalupe. “Ellas quieren ser amadas y salir de donde están. El amor lo supera todo y todos merecemos la misma dignidad, completa.

“Queremos sacarlas de esta realidad, que muchos creemos que han elegido, pero en realidad fue su única opción. Ellas quieren salir y no saben cómo”, dice Facundo, para quien este servicio implica contagiar un poco de cómo es Cristo, entender su misión y, por ende, la nuestra”. “Jesús no vio a los leprosos como esos de los que había que alejarse, sino que nos enseñó a amarlos, a curarlos, y a salvarlos”.

El amor lo supera todo y todos merecemos la misma dignidad

“En Guadalupe mis caminos se abrieron”, dijo una de las chicas que asiste a los talleres. “Me dieron contención psicológica, moral, conseguí amistades y empecé a trabajar”. Otra de ellas, menciona: “A los 16 años no sabía qué hacer con mi vida, y en Guadalupe me guiaron por el camino del bien. Fue mi refugio, me abrieron las puertas del corazón y jamás me sentí sola. Me encontré a mí misma, para no tomar malas decisiones, no estar en la calle, no prostituirme y no estar en las drogas ni el robo”.

Para Gabriela, “son muy pocas las chicas que hacen esto como un trabajo. Si tuviesen la posibilidad de elegir otro trabajo, lo harían”. Esta certeza potencia sus ganas de llevar adelante la tarea semana a semana. Una sonrisa, un abrazo, una simple mirada, o hasta un mensaje de WhastsApp la anima a continuar con esta pastoral que quiere “expresar la cercanía que, estamos convencidos, Dios tiene frente a la situación de vida de cada una de ellas”.

  • Si querés ponerte en contacto con la Pastoral Guadalupe, ingresá en su Facebook o comunicate por mail.

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