Mirada amorosa, fuente interminable de paciencia, ayuda siempre pronta y adecuada, respuesta, buen consejo, testigo de lágrimas dolorosas, silencio y presencia, abrazo y consuelo. Sonrisas y también carcajadas cuando la situación lo amerita, visita que nos hace sentir alegría en el corazón. Compañía de la buena, complicidad, sueños compartidos, intercambio de experiencias, inspiración, vida que promete, tiempo generoso, confianza que anima. ¡Qué hermosa es la amistad, qué don tan grande! Sin dudas, cada uno de nosotros podrá reconocer el rostro de un amigo especial en cada uno de los momentos y actitudes que mencioné, sin embargo, hay un rostro en el que todo confluye y donde la amistad cobra el valor inmensurable de la propia vida: Jesús amigo.

…hay un rostro en el que todo confluye y donde la amistad cobra el valor inmensurable de la propia vida: Jesús amigo.

Silencio en el corazón al descubrir y tomar conciencia por unos segundos de que lo que Jesús quiere de cada uno de nosotros es que seamos amigos. Fuerte. En palabras del Papa Francisco a los jóvenes “…lo que Jesús quiere de cada joven es ante todo su amistad”.[1] Creo que hay una pista muy interesante en esta frase del Papa porque de alguna manera nos está dando la “contraseña” para entrar a vivir la experiencia de intimidad con el amor que no es más ni menos que el encuentro con el mismo Jesús amigo. Como jóvenes creo que es importante tener en claro cuán fundamental es nuestra amistad con Jesús como primer motor y motivo de nuestro servicio y relación con los demás. De Él es de quien vamos a aprender a ser verdaderos amigos. No nos quedan dudas de que Jesús quiere nuestra amistad; ahora, ¿queremos nosotros ser amigos de Jesús?

Como jóvenes creo que es importante tener en claro cuán fundamental es nuestra amistad con Jesús como primer motor y motivo de nuestro servicio y relación con los demás.

Para responder esta pregunta o, por lo menos, para empezar a conversar con Jesús en oración sobre esta cuestión, los invito a leer el texto bíblico del “Joven rico” (Mc 10, 17-30) donde hay un claro ejemplo de un joven que “se perdió la oportunidad de lo que seguramente podría haber sido una gran amistad con Jesús”.[2] Lo que más me llama la atención de esta historia es que, en el fondo, se perdió de esa amistad porque “no pudo sacar la vista de las muchas cosas que poseía” (Mt 19,22). Despojarnos para ser amigos, clave. Salirnos de nosotros mismos, ser generosos no sólo con las cosas sino con la vida “gastada” por nuestros hermanos. Jesús nos llamó amigos y nos dio la vida enseñándonos que “no hay amor más grande” que ese “dar la vida”. La amistad con Jesús es una escuela de amor. No se trata tanto de lo que nos propongamos hacer con nuestra voluntad, sino más bien de decir que sí al llamado de vivir una relación de amistad con Él y dejar que el Espíritu Santo inspire en nosotros ese “ser amigos” a imagen del mejor amigo que podemos tener.

Jesús nos llamó amigos y nos dio la vida enseñándonos que “no hay amor más grande” que ese “dar la vida”. La amistad con Jesús es una escuela de amor.

Y así como necesitamos de las expresiones de cariño de nuestros amigos, con Jesús es igual. Hace poco me encontré con un texto que decía: “Solo por oírte decirme una vez que me quieres, crearía de nuevo el universo”, palabras del mismo Jesús en una visión que tuvo Santa Teresa de Jesús.[3] Esta experiencia de Santa Teresa de Jesús me significó un montón porque creo que la oración es la manera más hermosa y sencilla para expresar cuánto queremos y necesitamos de Jesús amigo. Si por un momento cerramos los ojos y nos descubrimos como sus amigos, ¿qué más necesitamos en esta vida si contamos con su amistad? Nada, si entendemos que a través de cada joven (y cada persona) que se abre a una amistad con Él es el mismo Jesús quien entra en amistad con el mundo entero. La amistad con Jesús nos cambia la vida y embellece los vínculos con nuestros amigos. Los “amigos en Jesús” aquellos con los que compartimos nuestra vida de fe son una gran prueba de esto.

Si hoy Jesús amigo te preguntara: “¿Me quieres?”

¿Qué le responderías?


[1] Palabras del Papa Francisco en la Exhortación Apostólica Christus Vivit, capítulo octavo sobre “LA VOCACIÓN”, pág. 152.
[2] Ídem.
[3] Frase extraída del Catecismo para los jóvenes YOUCAT, pág. 79.

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