La ternura es el amor dicho en voz baja. Es la caricia que cuando alcanza el corazón sana las heridas y derrite los miedos. La ternura es una cualidad de los fuertes, de los valientes, de los que se animan a descubrirse necesitados de otros, vinculados, ligados, comunicados. Es la expresión de amor más hermosa de un Dios que se hace cotidiano, cercano y presente. Un Dios que tiene rostro de hermano, conocido, familiar, humano. La ternura es el camino que llama a los pies descalzos que se lanzan sin preámbulos a andar la vida sin cálculos ni intereses, es camino de encuentro, de mochilas ligeras, donde cada caminante no deja escapar la oportunidad de amar cultivando los detalles.

Es la expresión de amor más hermosa de un Dios que se hace cotidiano, cercano y presente. Un Dios que tiene rostro de hermano, conocido, familiar, humano.

La ternura se inclina como una madre para hablar a su niño. La ternura mira a los ojos, baja la voz y ahoga a los gritos. La ternura desnuda al poder interesado y hiere de muerte a la prepotencia de quienes quieren hacernos creer que el afecto, la delicadeza, la cordialidad, la amabilidad y la simpatía son cualidades de los débiles o ya pasadas de moda. Aunque la escuchemos muy asociada a los niños creo que es una cualidad que los jóvenes y los adultos no deberíamos dejar de custodiar en nuestros corazones. Cómo nos tratamos, cómo nos encontramos, cómo nos comunicamos define lo que somos y también lo que llevamos dentro. “Por lo tanto, si Dios es ternura infinita, también el hombre, creado a su imagen, es capaz de ternura”.[1]

Aunque la escuchemos muy asociada a los niños creo que es una cualidad que los jóvenes y los adultos no deberíamos dejar de custodiar en nuestros corazones.

¿Por qué es necesaria una revolución de la ternura hoy? Porque creo que los momentos difíciles que estamos atravesando como humanidad son espacios privilegiados para dejar que fluya la ternura que transforma y nos renueva el corazón. La ternura se convierte en un desafío de amor en lo cotidiano, que cuesta esfuerzo pero vale la pena. La constante preocupación, los problemas, las peleas, la ansiedad contenida, las dudas, la incertidumbre, el enojo nos van ocupando, consumiendo, apagando la sonrisa. Y, ¿sabés qué? No es por ahí.

Hoy más que nunca tenemos que reconocernos primer motor, primer eslabón de la cadena, primer gesto de ternura que irá contagiando a otros las ganas de difundir el bien. No tengamos vergüenza de condimentar nuestros entornos con la sensibilidad que nos posibilita la ternura en las relaciones que vamos construyendo. “Una sola persona es suficiente para que la esperanza exista, y esa persona puedes ser tú. Y entonces habrá otro y otro , y se convertirá en un nosotros. Y así, ¿comienza la esperanza cuando tenemos un nosotros? No. La esperanza comenzó con un . Cuando hay un nosotros, ahí comienza una revolución.”[2]

No tengamos vergüenza de condimentar nuestros entornos con la sensibilidad que nos posibilita la ternura en las relaciones que vamos construyendo.

¡Qué gran acto de amor y de ternura que ha tenido Dios con nosotros al darnos a Jesús! Calor humano con perfume de eternidad. Jesús es esa caricia tierna de Dios que toca el mundo, que vive entre nosotros y nos enseña a esperar contra toda esperanza. Sin embargo, esa ternura de Dios también puede llegar al mundo a través de tus propias manos, de tus propias palabras, de tu propia vida. Dejar interpelarnos por este llamado al que tantas veces el Papa Francisco nos ha invitado especialmente a los jóvenes creo que hace eco hoy en un momento histórico propicio para revisar nuestras maneras de convivir en un mundo que tiene sed de ternura.

Jesús es esa caricia tierna de Dios que toca el mundo, que vive entre nosotros y nos enseña a esperar contra toda esperanza.

Ternura con nuestros hermanos y también con la creación. Ternura que se haga gesto concreto al rescate de la humanidad lastimada y olvidada. Pidamos a Dios que al sabernos amados primeros por Él seamos capaces de esa ternura que reviste de dignidad a quien se encuentra con ella. Que María, ejemplo de ternura maternal, nos impulse a ser jóvenes que siempre reconozcan en la ternura la presencia cierta de un Dios que siendo grande se hizo pequeño, que siendo abrazo se hace también caricia y siendo amor se hace también ternura.

Amén.


[1] Audiencia a los participantes en el congreso “La teología de la ternura en el Papa Francisco”, Asís, jueves 13/9/2018.

[2] Palabras del Papa Francisco en su Charla Ted “El futuro eres tú”.

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