La Virgen María fue una fuente de inspiración perdurable en el tiempo, para muchos artistas. Pintores, escultores, cineastas, escritores; buscaron a través de sus diversas expresiones plasmar la vida de esta simple muchacha de Nazaret, que irrrumpió en la hisotria humana con su humilde “sí” al plan de Dios, para transformarlo todo.

Lorena Ojeda, una joven artista radicada en la ciudad de Devoto, provincia de Córdoba, nos cuenta cómo desde sus primeros años de vida hasta la actualidad fue encontrándose con María. El dato más importante es que la Virgen, no sólo se convirtió en una compañera de camino, sino que fue quien marcó el rumbo de su vocación y le dio sentido a sus talentos. 

A los 10 años una maestra de Lorena, vio en ella el potencial de ser una gran artista, y fue así que con el acompañamiento de su familia comenzó a tomar clases de pintura. En la academia aprendió todas las técnicas de dibujo y pintura, a trabajar con distintos materiales como acrílico, lápiz, lápices de colores, óleo, témpera, acuarelas, pasteles, tizas, tinta china, entre otros. Con el tiempo tuvo la oportunidad de especializarse en pintura y óleo específicamente, y fue ahí donde comenzó a trabajar y a perfeccionarse con todo lo que es figura humana y realismo.

Su búsqueda de Dios la llevó a transitar varios lugares de la Argentina, donde alimentó su fe contemplando y combinando lo real y lo concreto con lo espiritual y lo abstracto. Una de las experiencias más significativas fue la de vivir con las Hermanas Carmelitas Teresianas, donde compartió 5 años de formación y de vida comunitaria con ellas: “Fue una experiencia muy linda, muy enriquecedora, y hasta el día de hoy estoy en contacto con las hermanas, me encanta la espiritualidad carmelitana, también está en la red de infancia robada, de la que también soy parte, así que estoy en permanente contacto con ellas“, relata la joven.

Al concluir esa etapa, avanzó con su formación artística en la ciudad de Córdoba, donde siguió adentrándose en nuevas técnicas que llevarían a fusionar sus grandes pasiones: el arte y la fe. El realismo vino a ser la puerta mágica que iba a mostrarle un mundo de nuevas emociones y descubrimientos. Fue así que su profesor les propuso realizar una cubo para exponer en el Paseo del Buen Pastor, en un primer momento pensó en auto-retratarse, una elección común en la gran mayoría de los artistas, pero no era eso lo que Dios tenía preparado para ella.

Cuando vemos que realmente somos dignos de tratarnos bien, cambia el mundo totalmente

“Como soy una persona que siempre le dedica un tiempo a la oración, empecé a rezar, y que me llevó varios días, hasta que se me vino muy fuerte en el corazón la imagen de María, y dije tengo que plasmar a María, es ella. Como en el cubo eran 5 caras las que teníamos que pintar y siempre tuve un tinte misionero, pinté cada cara de un color misionero: rojo, amarillo, azul, verde, blanco y esa fue la base. A pesar de esa vivencia, en la oración seguía preguntándome qué pintar, y fue ahí que escogí 5 imágenes de María que son las más representativas para mí. Una de ellas es “la anunciación”, la segunda “María camino a Belén con José”, y como yo siempre me cuestionaba qué habrán charlado José y María -porque para mí es re importante la cercanía- pensé que una de las imágenes fuera la de “María y José en un atardecer charlando”, esa es una de mis preferidas. Otra imagen es la del encuentro entre María e Isabel, y en la cara que está arriba pinté el nacimiento de Jesús en Belén, por eso el nombre del cubo es “El nacimiento”. Lorena describe este momento como el impulso que le permitió visualizar el camino que venía para ella y su obra, y como un guiño de Dios ante su trabajo, salió ganadora de esa exposición entre casi 40 trabajos. “Estaba asombrada, nunca creí, pensé que me estaban mintiendo. Mi profe estaba muy sorprendido por la temática que había elegido y llegamos a la conclusión -por las cosas que la gente me decía- que la expresión de los rostros es lo que más le gustaba al público”, recuerda Lorena.

Algo interesante para destacar es que antes de comenzar con su trabajo siempre lo hace en un clima de oración y nos dice que es para que lo que pinte también llegue al corazón de la persona. “Es como que me meto y voy pintando y me va saliendo solo, es increíble, es una cosa que a veces ni yo encuentro explicación. Después del cubo, me quedaron ganas de seguir pintando más de María, entonces como yo me había inspirado en una película y quería pintar todas las imágenes, fue así que surgió esta famosa serie dedicada a la virgen María, que de hecho justo para este Año Mariano pude compartirlo en la galería virtual, por los 400 años de la aparición de la Virgen del Valle. Fue una gran oportunidad de mostrar, de vivenciar y de expresar a María y mi intención siempre fue de transmitir cercanía, gestos de ternura también, porque yo creo que la humanidad hoy en día lo necesita, y me gustaría que toda la gente pudiera vivir eso, porque cambia el modo de vivir. Cuando vemos que realmente somos dignos de tratarnos bien, cambia el mundo totalmente, y eso es muy típico de la espiritualidad carmelitana, Santa Teresa de Jesús decía que “la oración es el trato de amistad con aquel que sabemos que nos ama”, y en el instante en que la persona se cultiva en el momento orante, eso se traduce cuando uno comparte con los demás, en la medida que uno está bien con el resto, es porque está puliéndose con la oración, en su relación con Dios”, afirma la artista.

 “Siempre trato de ponerme en un clima de oración para que lo que pinte también llegue al corazón de la persona”

Si bien desde siempre se dedicó a la pintura, pintar religioso específicamente surgió desde el cubo. Se basa en el realismo: realiza copias fieles que surgen de experiencias significativas para ella. Esta primera exposición fue inspirada en la película “El nacimiento”, pero el amor por María la acompaña desde siempre, desde pequeña con el testimonio de su papá, y de grande a partir específicamente de su estadía en Catamarca, donde vivió un período de su formación y la devoción popular de la gente llevó a despertar en ella el amor hacia la figura de la Virgen del Valle.

Gracias al apoyo de sus formadores que siempre insistían diciéndole que tenía que dedicarse exclusivamente a esto, es que hoy en día se encuentra ofrendando su talento a Dios, brinda clases a otras personas que buscan también expresar su sentir a través de colores y texturas, y realiza cuadros para hogares y templos con sus obras. Entre lágrimas, Lorena cuenta que vive el día a día confiando en la providencia, y que consagrarse a Dios desde su lugar, humilde y servicial, le permite tener lo necesario para vivir una vida sencilla y feliz.

“La persona que se dedica al arte religioso, es porque claramente es un llamado, ¿no? Es algo más fuerte que uno, porque a mí me pasaba que por momentos decía: ‘Bueno, basta de pintar religioso, me voy a dedicar a otra área’. Y a pesar de que por ahí sí me piden retratos, es impresionante como la gente me dice: ‘Quiero a José, quiero el rostro de María’, y es una cosa que yo creo que es Dios. En todo este caminar, me pongo en manos de María, yo hago todo y que se encargue. De hecho ahora, el sacerdote de la parroquia de mi pueblo, en Devoto-Córdoba, me encargó un mural con rostros de todos los santos y beatos argentinos”, cuenta con mucha emoción.

En cuanto a cómo se proyecta artísticamente, Lorena tiene en mente crear y retratar sus propios personajes, siempre en la temática religiosa y con el tinte mariano que la caracteriza:María siempre me llamó mucho la atención. Además soynintegrante de la Red de Infancia Robada (una red que asiste a la gente con cierta vulnerabilidad a las distintas violencias, tanto a la trata de personas, la trata laboral, y a todo lo que atenta contra la dignidad de la persona), entonces para mí es muy fuerte toda la cuestión maternal y la figura de la mujer”.

Para Lorena el arte es la mayor capacidad de expresión del interior del ser humano, que puede transmitir toda la belleza, todo lo bueno, todo lo hermoso que como criaturas de Dios somos capaces de brindar. Y, a través de las expresiones de los rostros que dibuja, de las miradas y gestos de amor, busca poder llevar en una imagen, la experiencia de un encuentro real y cercano con Dios.

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