De a poco voy descubriendo que se trata de más conexión y no de tanta autonomía. De intentarlo juntos y no de tanta autosuficiencia. De interdependencia y no de tanta indiferencia. Se trata de una responsabilidad compartida y no de culpas señaladas. Se trata de un nosotros y no de un solo yo. Se trata de un diálogo en paz y no de querer imponer ideas hablando más fuerte que otros. “Un nuevo mundo es posible y requiere que aprendamos a construirlo”[1], nos dice el papa Francisco y queda resonando en mí la palabra “aprendamos”. Creo que desde ella hoy puede nacer una reflexión sobre qué aprendimos en este tiempo y qué nos queda por aprender. Sin embargo, nos desafío un poco más: realmente, ¿quisimos aprender algo? Algunos me contestarán “depende”, otros capaz me dirían “sin dudas” o quizás haya quien diga “no me interesa”. Mi respuesta sería (y capaz la de alguno más): estoy aprendiendo.

Se trata de una responsabilidad compartida y no de culpas señaladas. Se trata de un nosotros y no de un solo yo.

Si hay algo de lo que hoy estoy segura es que jamás hubiera elegido caminar voluntariamente este dramático trayecto de la historia de la humanidad. No me divierte para nada salir a la calle y ver cómo la sonrisa nos fue tapada, sentir miedo de contagiarme de un virus, estar pendiente de que no mueran mis seres queridos, tener que tomar tantos recaudos a la vez y olvidarme siempre de algo, mirar las noticias y querer apagar la televisión porque el mundo que me muestran no me gusta. Entonces, por unos minutos vuelvo a ese “aprendamos”… Que todo lo que nos pasó y nos pasa no sea en vano. Ha quedado muy en claro que las cosas como estaban ya no van. No caigamos en la tentación del conformismo, del “y bueno, es lo que hay”. Tenemos una cita con el mundo que se viene y como jóvenes podemos hacer un aporte significativo. Con tu ciencia, con tu oficio, con tus capacidades, con tu pasión por la vida, con tu esperanza, con tu granito de arena. El mundo nuevo necesita hombres y mujeres nuevos.

Tenemos una cita con el mundo que se viene y como jóvenes podemos hacer un aporte significativo. Con tu ciencia, con tu oficio, con tus capacidades, con tu pasión por la vida, con tu esperanza, con tu granito de arena. El mundo nuevo necesita hombres y mujeres nuevos.

¿Y cómo serían esos hombres y mujeres nuevos?  Serán esos que tengan la valentía de mirar hacia los costados, los que no consideren una pérdida de tiempo el dejar de correr para cuidar o atender a alguien que los necesite, serán los que cambien el “hago lo que puedo” por “hago lo mejor que puedo con lo que tengo”, serán los creativos, los que no tengan miedo a los errores y se gasten la vida intentando hacer algo más. Serán los que asuman su parte de responsabilidad en la realidad que los rodea, los que ardan la vida sin pretextos. Serán los que pongan sus manos a la obra en esta nueva misión de construir todos juntos como familia un nuevo hogar, una humanidad renovada. Serán los que asuman el compromiso de “evangelizar la cultura” como nos invita el padre Ale Pavoni. Será de a poco, será ladrillo por ladrillo, pero con la esperanza encendida será un horizonte que nos marque un nuevo tiempo.

Será de a poco, será ladrillo por ladrillo, pero con la esperanza encendida será un horizonte que nos marque un nuevo tiempo.

Hoy, más que nunca, pidamos a Dios que nos enseñe a ser jóvenes humildes abiertos al aprendizaje que siempre enriquece. Que seamos capaces de hacer realidad junto a otros un mundo nuevo. Que seamos más conscientes de pertenecer a la familia humana en la que todos somos hermanos. Que podamos ver en la diversidad una oportunidad para complementarnos y aprender del otro. Se viene algo así como una etapa de rehabilitación de la humanidad lastimada, en la que el compromiso personal y comunitario con el cuidado que cada uno desde su lugar le pueda dar a cada persona y a la naturaleza se torna especial, relevante y hasta urgente. Las heridas se sanan con los cuidados en el tiempo.

Estemos abiertos a seguir creciendo, a seguir aprendiendo, pero por sobre todo a seguir amando.

Amén.


[1] Palabras del papa Francisco en la conferencia llevada a cabo en Roma con motivo del Pacto Educativo Global el pasado 15 de octubre de 2020.

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