Comunidad, paz y misericordia. Espiritualidad, música y naturaleza. Oración, belleza y recreación. Esto es Betania, una invitación a un nuevo “estilo de vida”, inspirado en la comunidad ecuménica francesa de Taizé. Un grupo de jóvenes y adultos que compartieron una experiencia fraterna allí quisieron replicar su estilo en Argentina, con una propuesta integral que anima a revitalizar la fe desde lo más profundo.

Betania es un lugar de encuentro. Antes de dar la vida, Jesús fue a Betania a reunirse con sus amigos, Lázaro, Marta y María, para compartir con ellos la comida y descansar. María ungió sus pies con un frasco de perfume de nardo, en señal de devoción y como profecía de la entrega de su vida[1]. En Betania hay misericordia, serenidad y paz.

Animados por el padre Guido Petrazzini, un equipo de 15 jóvenes están detrás de esta comunidad que comenzó a pensarse en 2019 y desarrolló diversas actividades durante 2020. Carolina Schimpf, Belén Lopardo y el padre Guido nos contaron de qué se trata la propuesta, sus orígenes y sus sueños para el futuro.

Deseos que cobraron sentido

Taizé es una experiencia que marca. Desde hace diez años, la arquidiócesis de Buenos Aires envía cada año a un joven para hacer un voluntariado de tres meses en la comunidad. Asimismo, la Iglesia Evangélica del Río de la Plata (IERP) comenzó con la propuesta en 2019. Los jóvenes que vivieron la experiencia se animaron a armar un espacio similar, superando a los espacios de oración “al estilo Taizé”, que ya se hacían en muchas parroquias.

Teníamos un deseo de plasmar en algo eso que nos había hecho tan bien

“Todos los que habíamos ido a Taizé teníamos un deseo de plasmar en algo eso que nos había hecho tan bien”, nos cuenta el padre Guido. Con la propuesta del viaje a la Jornada Mundial de la Juventud de 2016, en Cracovia, el sacerdote animó al grupo de 20 jóvenes que lo acompañaban a visitar Taizé. Fueron tres días, “pero para varios fue uno de los momentos más especiales del viaje”.

Esos deseos se transformaron en un encuentro de tres días que se realizó en la Villa Marista de Pilar en febrero de 2020 y del que participaron 70 jóvenes y adultos. Algunos conocían Taizé y otros fueron atraídos por la espiritualidad, las oraciones y el ecumenismo. “Era algo totalmente desconocido. No era un retiro, ni una convivencia, ni un campamento”, dice Guido. Sin embargo, la propuesta llamó la atención en su estilo comunitario, en contacto con la naturaleza y con talleres de diversos temas.

Un espacio de descanso interior para el corazón

La belleza es uno de los pilares que caracteriza a Betania: “La decoración, la música, los colores, la casa donde fuimos, el parque, la Iglesia, las velas, la ubicación de los íconos. Todo tenía un criterio y un sentido”. La idea es generar un clima propenso para la oración y la profundidad espiritual. La sencillez “nos guía, pero no nos saca del foco ni nos dispersa” y, a su vez, genera un espacio de descanso interior para el corazón”.

El ecumenismo y la unidad de los cristianos hace a Betania “distinto a otras propuestas”. Tiene que ver con valores y anhelos que los jóvenes del mundo de hoy tienen: “Que no haya barreras, no haya violencia, la fraternidad, estar al aire libre, en la naturaleza, con un matiz ecológico”, describe el padre Guido.

Una nueva profundidad

Carolina y Belén hicieron juntas su experiencia de voluntariado en Taizé en 2019. Ambas fueron convocadas para participar del equipo de Betania y aceptaron con gusto continuar en Argentina lo vivido en Francia. Carolina pertenece a la comunidad de la IERP y, gracias a un viaje a Alemania, conoció las oraciones Taizé y las incorporó a su comunidad. Al conocer la propuesta del voluntariado, no dudó en postularse.

El silencio a veces habla más que el ruido

Belén es de la parroquia Jesús Sacramentado, de la ciudad de Buenos Aires: “Conocía Taizé a través de un amigo que fue y siempre me llamó la atención. Después de recibirme, me llegó la propuesta del voluntariado y aunque pensé que era algo ‘re volado’, no me podía sacar la idea de la cabeza y ahí me animé a ir. Para la joven “fue una experiencia muy rica. Nunca había tenido una experiencia ecuménica en mi vida y esto me abrió la cabeza. La forma del estilo de vida, el silencio, la simplicidad. La oración, los cantos cortos y repetitivos que se van escribiendo en nuestro interior. El silencio a veces habla más que el ruido”.

La joven de la IERP opina que integrar Betania significó para ella volver a las bases”. La sencillez que caracteriza el espacio la ayudó a “depurar cosas que socialmente se van imponiendo en la religión”. Por el contrario, se trató de “enfocarme en Dios, que es el centro”.

En Betania te conectás con el ser, con lo esencial, a través de la oración, la naturaleza y el encuentro con otro

“La experiencia me llevó a una profundidad a la que no sabía que podía llegar”, expresa, por su parte, Belén. “Me sirvió para ‘fogonear’ las cosas de otra manera y encontrarles un gustito distinto. Me ayudó a desestructurarme en la forma de rezar: no se necesita tanto. Solo cerrar los ojos un ratito y hacer silencio escuchando un canto. Eso me cambia la mirada y el momento me lleva a otro lugar”.

El padre Guido opina que “cuando hacemos muchas cosas y nos centramos en la acción, la eficiencia y la eficacia, el mundo te va probando todo el tiempo”. Pero en Betania te conectás con el ser, con lo esencial, a través de la oración, la naturaleza, el encuentro con otro, como cuando te juntás a tomar unos mates con un amigo, te relajás. Por esto, es un estilo de vida”.

Un espacio para revitalizar la fe

Desde Taizé, el hermano Christoph, encargado de los voluntarios de Latinoamérica, conoce sobre Betania y anima a su participación. De hecho, fue él quien convenció a las voluntarias argentinas de que tenían que sumarse, al enterarse de la propuesta por el padre Guido. “Desde el principio en Taizé estuvieron informados de lo que estábamos haciendo. Esto a ellos también los entusiasma”, aclara el sacerdote.

“Si bien está inspirado en Taizé, estamos creando su propia espiritualidad e impronta. Los hermanos no quieren armar sedes de Taizé en el mundo, sino que se transmita su mensaje”, explica Carolina. Este año de pandemia, marcado por la virtualidad, los ayudó a reunirse y pensar las bases, la esencia, valores, misión y visión del proyecto. “Somos argentinos y esto tendrá nuestro idioma, concepción y cultura”, completa Guido.

El objetivo es revitalizar la fe para dar fruto en nuestros espacios

El objetivo de Betania es revitalizar la fe para dar fruto en nuestros espacios”. “No se trata de generar un movimiento de pertenencia”, sino que busca ser una propuesta integral para que cada cristiano pueda tener un espacio de encuentro extra a su comunidad actual.

El sueño es que Betania siga creciendo, convoque jóvenes y adultos de todo el país y se transforme en un nuevo espacio para las Iglesias cristianas: Encontrarse con la diferencia del otro y con la propia tiene mucha riqueza. Hay mucho para nutrirse, para aprender y para crecer, porque somos distintas confesiones”, agrega Belén.

El próximo sábado 12 de diciembre, el equipo de Betania invita a una jornada de encuentro y oración que tendrá lugar en el parque del seminario metropolitano de Buenos Aires. Para más información, seguí sus redes sociales: Instagram y YouTube, y visitá su página web.


[1] Jn 12, 1-11

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