Hoy en día existen días de todo tipo, ¿vieron? Desde los más clásicos, como el Día del Maestro, Día del Estudiante, Día de la Independencia, Día de la Primavera… hasta algunos más exóticos (por no decir bizarros 😏), como el Día de los Simpsons, el Día del Emoji… 🤨 ¡Hasta el número Pi tiene su día! 😲 Lo mismo ocurre con las semanas: Semana de la Dulzura, Semana de la Moda, Semana de la Gastronomía… Pero dentro de estas semanas, hay una que también es conocida por todo el mundo —y digamos que es un poco más importante, ¡je!—: la “Semana Santa”. Pero… ¿de qué trata en verdad esta semana? ¿Por qué es “Santa”? ¿Nos pusimos a pensar alguna vez qué significa en el fondo?

Del Dolor…

Cuando era chico siempre tuve a esta semana como la “Semana del Dolor”. Era ver a Jesús sufrir. Ver cómo lo insultaban, cómo le pegaban, cuánta sangra derramaba… Sin contar, además, que había que ayunar, que no había que comer carne… Se respiraba como esa sensación de que había que estar triste. Vieron que, cuando uno es chico, saca conclusiones (medio ingenuas a veces) de lo que vive. Desde esa percepción, deducía que cuanto más se sufría, más se podía agradar a Dios. Además, escuchaba que Jesús hizo eso para salvarnos. Pero, les soy sincero, nunca entendía del todo de qué nos salvaba, ni cómo es que lo hacía. ¿Sufriendo nos salvó? ¿De qué? Lo aceptaba pero nunca me cerró del todo…

…al Amor

La cuestión es que, en un momento, Dios me hizo ver la Semana Santa de otra manera: como la Semana del Amor. Nunca había estado en mi horizonte. Que Jesús hubiera hecho todo desde el amor nunca había estado en mi cabeza (ni en mi corazón). Ahí mi perspectiva cambió por completo, obviamente. Jesús convocó a los suyos a una Última Cena. Porque los amaba. ¡Incluso a Judas que lo iba a traicionar! Quiso despedirse y quedarse para siempre en un simple pedazo de pan y en un poco de vino. Porque nos amaba. Jesús le reza al Padre y le pide que aleje de él todo aquello que iba a sucederle (¿quién quiere sufrir?). Pero porque nos amaba, prefirió decir “pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc 22, 42). Jesús calló, hizo silencio. Ya había hablado, especialmente con gestos, además de con las palabras. Ya había hecho y dicho todo. Ahora tenía que padecer eso, porque en la voluntad del Padre así estaba dispuesto. Y lo hizo porque nos amaba. Fue flagelado, llevado de acá para allá, coronado de espinas. Porque nos amaba. Cargó con la cruz, cayó y se levantó, consoló a las mujeres. Porque nos amaba. Se dejó crucificar, dejó ser insultado estando en la cruz, perdonó al que le pidió perdón y también a aquellos que no lo hicieron. Porque nos amaba. Exclamó al cielo, nos regaló a su Madre y, hasta el último suspiro, hizo la voluntad del Padre. Porque nos amaba.

Silencio. Incertidumbre. Espera… El amor había fracasado. ¿De qué sirvió todo aquello? De nada. Simplemente uno más que había pasado prometiendo cosas que no se cumplirían. Hasta que todo eso tuvo su fruto. Es que “si el grano de trigo que cae en tierra no muere, no da fruto. Pero si muere, da mucho fruto” (Jn 12, 24). Es la lógica del amor. La que nos enseñó Jesús. La que vivió Jesús hasta el último segundo de su vida. La que tenía desde antes de crear el mundo. La que sigue teniendo ya como resucitado…

Y entonces, Jesús nos salvó de todo. De estar tristes, de estar desesperanzados, del odio, del miedo, del pecado. Y no porque no fuéramos a tener más estas actitudes o sentimientos, sino porque, como dice San Pablo, estamos salvados en la esperanza (cf. Rm 8, 24). Esperanza de que Dios está a nuestro lado, de que todo tiene solución porque “Dios dispone de todas las cosas para el bien de los que lo aman” (Rm 8, 28), de que la Vida eterna existe, de que somos muy amados. Esperanza de que “solo Dios basta”.

Así, ya no se trata de una “Semana del Dolor”, sino que la raíz es el amor (que tiene como consecuencia el dolor). Y se cumple, entonces, aquella frase de la Madre Teresa de Calcuta: “Amar hasta que duela”.

Contemplar esta Semana desde el amor

Por eso, te invito, nos invito, a que esta semana la contemplemos desde esa misma lógica. Que podamos contemplar cada gesto, cada palabra, cada silencio de Jesús y, así, ver que todo tiene un porqué: el amor.

Que podamos dedicarle en esta semana un tiempo concreto a Jesús: para contemplarlo, para acompañarlo, para aprender… para amar.

¡Feliz Semana Santa! ¡Feliz Semana del Amor!

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