Es posible que en muchas oportunidades hayamos escuchado esto: “Lo importante es la constancia en la oración, más allá de la calidad y el tiempo dedicado, prevalece siempre la fidelidad para el encuentro con Dios”. ¿No? Entonces, ya no podrás decir que nunca te lo dijeron.

Creo que perdí la cuenta de tantas personas a quienes les pregunté sobre el buen secreto para rezar y estar con Dios; desde monjitas, curas, catequistas, agentes pastorales y tantos especímenes más. Puedo asegurar que de una u otra manera me han respondido de esta forma, afirmando sobre la importancia de la fidelidad.

Lo importante es la constancia en la oración, más allá de la calidad y del tiempo.

Alguno se habrá dado cuenta de que soy seminarista y quizás otros se pregunten “¿Qué cosa es eso?”. El seminarista es un candidato que se prepara, con la gracia de Dios, para ser un futuro sacerdote – cura. Y si llegaste hasta aquí, de seguro te estarás preguntando “¿Qué tiene que ver esto con lo que veníamos conversando?”. Tiene que ver con el testimonio que desde mi realidad les vengo a compartir, dónde también se pone árido el encuentro con Dios.

¡Tranquilos que no estoy buscando escandalizar a nadie! Todo lo contrario, quiero compartirles que incluso los que buscamos seguirlo a Jesús, desde esta opción de vida consagrada, también cada tanto nos cuesta la oración. Para desmitificar un poco la imagen de “aquellos que están más cerca de Dios” que lastima la identidad de tantos que buscan seguirle al Maestro desde tantas opciones de vida, incluso esta.

Cuando uno está cuesta abajo, que todo le pesa, que deja las responsabilidades a último momento buscando zafar; arrastra con estas actitudes los espacios que ayudan a encontrarse con Dios. Y la oración pasa a ser el último orejón del tarro de nuestro día.

Nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Dios.

San Agustín

Buscar a Dios en todo momento es una clave de vida, tanto para vos como para mí, porque en Él está depositada nuestra identidad. Toda nuestra vida tiende hacia Dios, y “nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Él”, dice san Agustín. Por eso buscamos crecer en la fe, porque nos realizamos plenamente cada vez que nos ponemos en la presencia de Dios y obramos de acuerdo con Él mismo.

Recontra vale la pena seguirlo

Es por eso que no importa cuánto tiempo pudimos rezar o qué tanto nos concentramos en ella, sino más bien, si fuimos fieles y honestos en querer pasar un rato junto a Jesús. ¿Para qué? ¡Para ser plenamente felices y hacer felices a tantos otros contándoles la Buena Nueva! Porque recontra vale la pena seguirlo y contarles a tantos amigos que Dios está vivo y nos quiere vivos, cerca suyo.

Si estuvimos un poco alejados de Dios, aprovechemos este nuevo tiempo de la creación para contemplar cómo renace la vida con la primavera que nos visita y da testimonio de que con Dios todo brote tiene la oportunidad para crecer, madurar y ser verdaderamente obra amada de sus manos.

Coraje, fuerzas y ganas para rezarle un rato y perfumar la vida con el aroma cristiano: la oración.

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