¿Te pasó alguna vez que te regalen algo que no te gustó para nada y lo quisiste ir a cambiar? ¿O te pasó lo contrario, que te regalen algo que te encantó, que calzó perfecto? ¿O te pasó que te regalen algo y quede ahí guardado sin usar? Bueno… hoy te vengo a recordar que tenés un regalo, el mejor, para aprovechar: es María.

A diferencia de la gran mayoría de los países, acá en Argentina celebramos el mes de María en noviembre. Propiamente, desde el 7, día de “María, mediadora de la gracia”; hasta el 7 de diciembre, vísperas del tradicional día de la Virgen, el de la “Inmaculada Concepción”.

Por lo general, nos pasa que va llegando el final de un tiempo “x” y nos damos cuenta de que “se nos pasó”. Por ejemplo, la cuaresma, el adviento… ¡incluso el año mismo se nos pasa! Hoy te propongo que no se nos pase este mes de María así como así. Es cierto que estamos a fin de año y las tareas se nos multiplican, el tiempo pasa más rápido, el día debería tener más horas, etc… Pero a veces nosotros tampoco ponemos del todo de nuestra parte.

Por eso, te propongo que no dejemos pasar esta chance de profundizar en este hermoso regalo que Dios nos da como Mamá. Para eso, en primer lugar, te sugiero a modo inspirador que leamos juntos esta lindísima oración de San Bernardo:

¡Oh! tú, quien quiera que seas,
que te sientes lejos de tierra firme,
arrastrado por las olas de este mundo,
en medio de las borrascas y tempestades,
si no quieres zozobrar,
no quites los ojos de la luz de esta estrella.

Si el viento de las tentaciones se levanta,
si el escollo de las tribulaciones se interpone en tu camino,
mira la estrella, llama a María.

Si eres balanceado por las agitaciones del orgullo,
de la ambición, de la murmuración, de la envidia,
mira la estrella, llama a María.

Si la cólera, la avaricia, los deseos impuros
sacuden la frágil embarcación de tu alma,
levanta los ojos hacia María.

Si perturbado por el recuerdo de la enormidad de tus crímenes,
confuso ante las torpezas de tu conciencia,
aterrorizado por el miedo del Juicio,
comienzas a dejarte arrastrar por el torbellino de tristeza,
a despeñarte en el abismo de la desesperación,
piensa en María.

Si se levantan las tempestades de tus pasiones,
mira a la Estrella, llama a María.

Si la sensualidad de tus sentidos quiere hundir la barca de tu espíritu,
levanta los ojos de la fe,
mira a la Estrella, invoca a María.

Si el recuerdo de tus muchos pecados
quiere lanzarte al abismo de la desesperación,
lánzale una mirada a la Estrella del cielo
y rézale a la Madre de Dios.

Siguiéndola, no te perderás en el camino.
Invocándola, no te desesperarás.
Y guiado por Ella llegarás al Puerto Celestial.

Que su nombre nunca se aparte de tus labios,
jamás abandone tu corazón;
y para alcanzar el socorro de su intercesión,
no descuides los ejemplos de su vida.
Siguiéndola, no te extraviarás,
rezándole, no desesperarás,
pensando en Ella, evitarás todo error.

Si Ella te sustenta, no caerás;
si Ella te protege, nada tendrás que temer;
si Ella te conduce, no te cansarás;
si Ella te es favorable, alcanzarás el fin.
Y así verificarás, por tu propia experiencia,
con cuánta razón fue dicho:
“Y el nombre de la Virgen era María”.

¿No te da paz al leerlo? (Otra que un método relajante… 😏). Invocar a María nos da paz. Ella es Madre sobre todas las cosas. Si, como hijos, nos abandonamos a Ella, confiando en que nos cuida como buena mamá, sabiendo que está a nuestro lado y que va a buscar lo mejor para nosotros; vamos a tener esa serenidad interior. San Bernardo hace hincapié en que lo hagamos en esos momentos de oscuridad, de intranquilidad, de confusión. ¡Y está perfecto! ¡Más que nunca hay que hacerlo! Yo te propongo alguito más todavía: hacerlo en todo momento. En las alegrías, llamá a María. En la acción de gracias, llamá a María. En el dolor, llamá a María. ¡Siempre!

Por eso, como actitud recurrente (como espiritualidad, digamos…), te sugiero ir invocándola. Hacerlo un hábito. Me pasó algo bueno, llamarla. Me pasó algo malo, llamarla. No me pasó nada bueno ni nada malo, llamarla… Pero lograr un hábito no es tan sencillo. Quizás sería bueno, entonces, que nos tomemos un tiempo y, en nuestro calendario, anotar alguna acción concreta para dedicarle a María. Cada día del mes. Quizás las podemos repetir semanalmente. Por ejemplo, #LunesDeAgradecimiento; #MartesDeIntercesión, #MiércolesDeAcciónDeGracias… y así, cada día, la voy haciendo más parte de mi vida. Puede ser una visita a alguna ermita o una imagen en una iglesia. O puede ser rezar el rosario. Lo que surja… ¡Démosle lugar a la creatividad!

Bernardo toma la imagen de la estrella y se la da a María. Para ver una estrella, hay que alzar la mirada. Y es eso lo que nos genera María: salir de nuestros problemas y, con esperanza, levantar la mirada hacia el cielo. El rol de María es el de llevarnos a Jesús. ¡Siempre!

En este mes, invoquémosla más que nunca: ¡miremos a la estrella, llamemos a María!

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