para expresarnos el deseo de quedarse junto a todos nosotros, de una vez y para siempre, Jesús dijo en la última cena: «¡Hagan esto en memoria mía!» (Lc 22,19).

¿Y qué pidió que hiciéramos? ¿Para qué? ¿Con qué? ¿Cómo será capaz el hombre de hacer presente la ofrenda de amor de un Dios que se da por entero? ¿Por qué en la simpleza de una hogaza de pan y la nobleza del fruto de la vid? Todo este hermoso misterio transformó la historia de la humanidad: ¡el Dios viviente se hace presente en su Cuerpo y su Sangre!

Hagan esto en memoria mía

Eucaristía, en griego εὐχαριστία, significa ‘acción de gracias‘, y aquí nos encontramos con una palabra que se transforma en un verbo, una acción bien concreta: agradecer juntos al único Dios. Eso y mucho más es lo que encierra este enorme misterio de fe. Misterio capaz de transformar nuestra vida y devolverles plenitud.

Me queda resonando cuál es la acción concreta que nos exige este hagan pronunciado por Jesús. El deseo profundo de Dios es que siempre volvamos a él, que amemos según su corazón sagrado. Entonces, este hagan nos propone una imagen concreta de nuestra vocación cristiana: Jesús eucaristía, pan que se parte y se comparte.

Pan que se parte y se comparte

Esta acción de gracias nos toma por enteros, juntos, nunca solos, en comunidad. La ultima cena fue esto mismo, una mesa compartida entre hermanos, donde se hizo memorial un Dios que se da por entero para saciar el hambre del mundo. ¡Compartir y repartir es una profunda misión cristiana!

Ningún hermano nuestro puede quedarse fuera de esta mesa. Nadie, absolutamente nadie. ¡Menos en la Patria bendita del pan! Somos todos invitados a cenar en familia, generación tras generación, a lo largo de toda la historia. Es maravilloso contemplar a este Jesús que es pan despedazado y vino derramado[1] para saciar la necesidad de Dios que tiene nuestra vida.

Frente a un mundo que busca consumir hasta reventar de excesos, un mundo que mezquina el pan de cada día, celebramos la presencia eucarística del Dios que nada se guarda y que todo se dona. Hagan en memoria mía nos exige ofrendarnos al servicio de los más vulnerables y trabajar por el Reino, para que nadie se quede falto de pan, y no hablo solo del alimento cotidiano que muchos de los nuestros sufren en las pobrezas marginales de nuestra sociedad.

Ningún hermano nuestro puede quedarse fuera de la mesa

De trasfondo voy escuchando la poesía hecha canción de Pedro Casaldáliga, “Mi cuerpo es comida”[2], y en ella contemplamos a la Iglesia que comparte el misterio más hondo y sagrado que posee: a Jesús VIVO. Que esta fiesta de Corpus Christi nos anime a decirle a Dios: ¡Comiéndote sabremos ser comida, fraterna y subversiva eucaristía!


[1] MOORE, Michael, Fraterna y subversiva eucaristía. En línea [16 de junio del 2022] https://www.religiondigital.org/creer_pensando-_el_blog_de_michael_moore/Fraterna-subversiva-eucaristia-CorpusChristi-Misa-Casaldaliga-sacramento_7_2239646014.html

[2] CASALDÁLIGA, Pedro, Mi Cuerpo es Comida. En línea [16 de junio del 2022] https://pastoralsj.org/recursos/oraciones/260-mi-cuerpo-es-comida

Un comentario sobre “Subversiva Eucaristía

  1. No nos manda a multiplicar el pan y luego repartirlo. Quiere que partamos y repartamos en su memoria el pan que tenemos, nuestros cinco panes y dos pescados, lo que tenemos y lo que somos. De lo demás se encarga él.

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