Seguimos caminando este año aventurado que cada tanto busca dejar de lado aquellos tiempos de pandemia. Queriendo atravesar el mes de julio, podríamos detenernos y mirar un poco hacia atrás: advertiríamos un verano abandonado, un otoño finalizado y estaríamos en el ardiente frío de invierno. Ahora bien, si quisiéramos mirar hacia adelante distinguiríamos al armario aún lleno de abrigo (en el mejor de los casos), un poco mas allá se asomaría la promesa de los colores primaverales y, por qué no, la calurosa Navidad abandonada tiempo atrás.

A julio lo podríamos definir como el mes bisagra, como una puerta de pasaje, como la llegada a mitad de camino. Desde este ahora actual, la meta de llegada es más cercana que hace un tiempo atrás. Bien merece este tiempo presente para hacer un balance de mitad de año. Soy muy consciente de que para muchos este es un tiempo de finales, parciales, fin de semestre; y pensar en un momento para detener la marcha y revisar el camino recorrido podría sumarse a la lista de pendientes que nuestra desenfrenada agenda quiere olvidar.

Revisar la vida espiritual y las metas que nos propusimos alcanzar durante este año nos llevará un par de horas o incluso días, pero te aseguro que la satisfacción de revisar la propia vida y las motivaciones que conducen nuestros sueños y proyectos favorecerá para alcanzarlos y decir junto a san Pablo: “He combatido el buen combate, he concluido mi carrera, he conservado la fe”.

Hace mucho bien parar un poco la pelota, frenar el partido y ver el panorama completo. Este mirar la totalidad de lo que acontece dejará a plena luz del sol no solo el cansancio y las dificultades, sino también todo lo que hemos logrado y alcanzado. El descubrir lo conseguido hasta ahora nos hace ver el camino como algo posible, si a este lo confrontamos respecto a las expectativas y metas que nos propusimos alcanzar.

“He combatido el buen combate,

he concluido mi carrera,

he conservado la fe”.

-2Tim 4,7-

Pienso en las materias que queríamos meter, proyectos laborales y personales; y tantas cosas que en enero nos prometimos. Nuestra vida espiritual es como la columna vertebral de nuestro cuerpo. Alimentados y asistidos por la presencia de Dios, claramente sostendrá la bendita vida cotidiana. Y hasta parece un poco absurdo pensar en esta cotidianidad, porque la rutina tiende a ir gastando no sólo la voluntad sino también el querer y el deseo, por eso es justo detener la marcha y fortalecer este andar.

La pregunta que surge es: ¿por dónde empezar? El desafío es no fragmentar nuestra vida, somos una unidad conformada por una multiplicidad de dimensiones; pienso en nuestra vida de estudio y formativa, pienso en nuestras familias y amigos, pienso en la vida laboral, y también en nuestra vida espiritual, en nuestra relación con Dios. Todas estas dimensiones y otras tantas enriquecen nuestra vida presente. La magia está en descubrir cuál es la pata floja, fortalecer esta dimensión y seguir caminando. Siempre. No con el afán de correr, sino con la esperanza de estar siempre en marcha y en una alegre búsqueda.

El desafío es no fragmentar la vida

Te invito que hagas una revisión de tu vida, de la totalidad, de tu vida con todas sus dimensiones y descubras la presencia de Jesús acompañando y andando tu camino. Y así, ir descubriendo que el camino nunca se hace solo, estamos muy acompañados. Aun cuando solo veamos tristeza y oscuridad, hay una lámpara que guía nuestros pasos y nos deja ver a tantos hermanos que caminan junto a nosotros.

Perseguir la meta con un nuevo impulso

Este salir de uno mismo, y de la montaña de pendientes que podría tener nuestro escritorio, nos debería ayudar para ver la totalidad del camino y la certeza de cuantos caminan junto a nosotros. De esta manera perseguiremos la meta con un nuevo impulso, con mayor conciencia de la ruta, y con el fuerte deseo de sabernos acompañados por un Dios de la bondad y de la fidelidad; que nunca nos deja en banda.

Tomate un tiempo para vos, prepárate un rico café, un buen mate, lo que quieras… y revisa cómo venís caminando; descubrí quiénes te acompañan. De esta manera, vas a ir fortaleciendo tus propios sueños, y la meta estará cada vez más cerca.  

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