Con el lema “Todo está conectado” entre el 16 y el 24 de mayo se está desarrollando en todo el mundo la Semana Laudato si’. Unidos al papa Francisco, los católicos celebramos los cinco años de la encíclica “Alabado seas, Señor”, una invitación a escuchar el grito de la tierra y el grito de los pobres, y a tomar medidas urgentes contra la injusticia del cambio climático y la crisis ecológica, para proteger a los pobres y las generaciones futuras.

El Movimiento Católico Mundial por el Clima (MCMC) nació hace cinco años, inspirado por la encíclica de Laudato si’ y la invitación del Papa a cuidar la casa común. Presente en países de los cinco continentes y con más de 650 organizaciones miembro, el movimiento tiene tres dimensiones: la espiritualidad, la acción, que invita a cambios de conducta, y la incidencia, por eso apoyan a diferentes movimientos ecológicos internacionales.

Oriunda de la ciudad santafecina de Rafaela, María Agustina Ortiz de Rozas tiene 30 años, es licenciada en Turismo, diplomada en Gestión Ambiental Sostenible y en Toxicología Ambiental. Es coordinadora de los Animadores Laudato si’ en Argentina y también de la pastoral universitaria diocesana. Su servicio en el Movimiento Católico Mundial por el Clima nació cuando conoció la encíclica y, de ese modo, pudo unir su carrera profesional con su fe.

Repensar nuestro modo de vivir

“Estamos todos conectados. Mis acciones no están aisladas, repercuten en el otro y tengo que poner mi mirada en él”

“La Semana Laudato si’ nos trae multiplicidad de propuestas online de distintas partes del mundo”, nos cuenta Agustina, haciendo referencia a que, gracias a la cuarentena, tenemos la posibilidad de asistir a gran cantidad de conferencias y capacitaciones sobre el tema. “Se está armando una red de jóvenes católicos ecologistas de varias partes del mundo”, afirma. La joven participó como voluntaria de las Jornadas Mundiales de la Juventud de Río de Janeiro, Cracovia y Panamá, especialmente en esta última sirviendo en el área ambiental para el MCMC. Asimismo, estuvo en Angola, África, como misionera de Iglesias Hermanas de Buenos Aires, brindando capacitaciones en torno a Laudato si’ y el cuidado del ambiente.

Lo más lindo de esta semana es descubrir que estamos todos conectados, que mis acciones no están aisladas, que repercuten en el otro y tengo que poner mi mirada en él. Es una invitación a volver a repensarnos como sociedad desde la mirada del otro, desde el valor del que tengo al lado sin ese abismo de pensar solo en mí. Con la pandemia es mucho más fuerte porque un bichito insignificante nos hace pasar a todos por lo mismo”, explica la joven.

Movida por el amor al prójimo, Agustina se moviliza al ver “personas que están sufriendo a causa  de lo que nosotros hacemos o dejamos de hacer en favor del medioambiente. Estas acciones están afectando a muchas personas que la están pasando realmente mal y nosotros tenemos la gracia de no sufrir tanto esas consecuencias, pero a la larga nos va a terminar afectando a todos, expresa. Para ella, cuidar el medioambiente y la vida del planeta también es cuidar la vida humana desde la concepción, y está convencida de que la crisis que atravesamos “posee una dimensión socio ambiental”.

En el número 139 de Laudato si’, Francisco sostiene: “No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza”. De esto se trata la ecología integral que estamos invitados a abordar: “Cuesta que la sociedad tome consciencia de que es evidente que tenemos que cambiar el modo en que veníamos viviendo. Como cristianos estamos invitados a repensar nuestra fe y a generar un cambio del corazón, pero en lo profundo de cada uno para después empezar a tener acciones concretas para ayudar al otro”, asegura la joven santafecina y agrega: “La ecología no es una moda”.

Como cristianos estamos invitados a repensar nuestra fe y a generar un cambio del corazón

Agustina sostiene que lo más importante que debemos cambiar los jóvenes es nuestra relación con el consumo: “Estamos inmersos en la política del ‘todo ya’ de las redes sociales, en la que al tocar un botón tenemos lo que queremos. Pero no nos damos cuenta que nuestras acciones tienen efectos. La más mínima compra que hacemos, una remera o un cepillo de dientes, trae enormes consecuencias para nuestro planeta. Nuestro compromiso debe estar en frenar con el consumismo”.

¿Volver a la normalidad después del coronavirus? “Para mí después del coronavirus hay que volver a empezar, porque como estábamos viviendo no era normal”, insiste. “Como jóvenes católicos, vemos el rostro de Jesús en el rostro del que sufre. Ahí está la base de nuestra fe. No debemos olvidar que el cambio está en el fondo de nuestro corazón por el prójimo que sufre por estas causas. Lo ambiental está afectando a muchas personas que sufren y Jesús sufre en ese hermano que nosotros olvidamos. Este cambio debe ser sí o sí espiritual porque si no es algo que no se sostiene en el tiempo”.

Misionera ecológica ad gentes

Luego de un camino recorrido junto a Iglesias Hermanas de Buenos Aires, Agustina viajó a Angola en enero, como misionera ad gentes. “El padre Ignacio Copello, sacerdote encargado de la misión en Lumeje, me comentó que en la diócesis estaban trabajando con Laudato si’ y me pidió si podía dar una mano con eso. Estuve capacitando a los jóvenes que participan de la parroquia y se engancharon un montón. Empecé a explicarles todo desde cero porque no sabían qué era la atmósfera ni el carbono”, recuerda Agustina.

Estuve capacitando a los jóvenes y se engancharon un montón. Empecé a explicarles todo desde cero porque no sabían qué era la atmósfera ni el carbono”

La experiencia en África la llevó no solo a conocer un modo de vida más sencillo, donde “los jóvenes de nuestra edad no tienen celular ni internet”, sino también a dar valor a las pequeñas cosas de todos los días: “Estamos tan acostumbrados a mirarnos a nosotros mismos que no nos damos cuenta de la realidad que tenemos al lado”.

Al concluir la capacitación con los jóvenes en ambiente y Laudato si’, Agustina les preguntó qué querían hacer con esos contenidos nuevos: “Me dijeron que les gustaría seguir capacitando a la gente de allá. Juntos armamos una presentación y los acompañé a un hospital, tres escuelas y a la municipalidad a dar las capacitaciones. ¡No podían creer que ellos estaban dando formación ambiental!”. La misión de la joven en Angola concluyó con una colecta de basura en las calles cercanas al hospital del pueblo. “Ese proyecto fue un comienzo, pero hay que seguir”.

Contagiarnos de los Animadores Laudato si’

En la Argentina más de 300 jóvenes de distintas provincias conforman los Animadores Laudato si’ que se dedican a realizar diferentes acciones para el cuidado de la casa común y que, además, se encargan de la capacitación y formación en parroquias, comunidades, colegios, movimientos e instituciones.

“En Rafaela somos tres animadores jóvenes que desde el año pasado comenzamos a dar capacitaciones en colegios secundarios y en la pastoral universitaria. También hicimos una plantación de árboles en un monasterio y asistimos a las familias de un asentamiento que vivían en condiciones de precariedad, cerca de residuos y escombros”, relata Agustina. Por esta última acción, la joven fue destacada junto al MCMC con una mención especial en el Poliedro por la Paz 2019.

Para animar a vivir el aislamiento de un modo diferente y además poder contribuir con el cuidado del planeta, los animadores idearon el decálogo Laudato si’ de la cuarentena: una serie de acciones para poder vivir desde casa en modo sustentable.

La generación Laudato si’ está comenzando a estructurarse en la Argentina, por eso los jóvenes del MCMC animan a otros a convertirse en Animadores Laudato si’, cursando un ciclo de formación sobre la encíclica y diversos temas ambientales. Concluido el curso, se realiza un proyecto final y luego se comienza la tarea fuerte en la comunidad, animando a otros en torno a Laudato si’. Los cursos son online, gratuitos y no hace falta tener ningún conocimiento previo.

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