Qué fuerte será la duda que hace que nos cuestionemos la existencia de Dios y nos hace olvidar del sentimiento de ser hijos del Creador. La duda del ser humano, que interpela al mismo Cristo, como en el Sanedrín.

Esta duda tan grande de la existencia, puede ser resultado de varios cuestionamientos anteriores sin resolver. A veces, no queremos encontrarnos con la respuesta, o podemos tener miedo de conocerla pero, a su vez, nos perturba esta irresolución.

Entonces, pasamos por encima de lo que debería ser nuestro camino de búsqueda, exigiéndole a Dios que directamente lo resuelva, o que nos de una señal para tener certeza sobre el camino a seguir. Muchas veces el Señor se expresa de maneras que no podemos apreciar, a causa de nuestra ceguera personal, y entonces descargamos sobre Él la culpa de nuestro malestar y la bronca de creer que “no nos habla”.

No esta mal cuestionar, pero hay que hacerlo con el corazón y los oídos abiertos. En el Evangelio, cuando el pueblo cuestiona a Jesús, Él responde con pocas palabras de pura verdad. En ciertos casos, cuando el pueblo comprende el objetivo del mensaje, en vez de exigirle señales, le pide fuerzas para seguirlo.

Jesús es capaz de saciar todo nuestro vació interior, si podemos dejar de lado la soberbia. Debemos hacer desaparecer las excusas sobre nuestros errores, los “aunque”, los “peros” y los “porque”, y quedarnos con nuestra debilidad, frente a Él.

El Señor no borra nuestras debilidades ni nuestras heridas, pero sí nos las hace ver, para que sanemos. ¿Cómo lo hacemos? Abrazándolas, con amor, y reconociéndonos necesitados de su gracia.

Jesús nos invita a que vayamos a Él para saciar nuestra hambre y sed. Pero, además, nos dice cómo tenemos que ir para que eso ocurra: con un corazón que cree en su amor y que es capaz de depositar en Él toda su confianza.

Dios quiere saciar nuestra sed de vida y nos la quiere dar en abundancia. El mundo nos lleva a ser grandes buscadores de felicidades ficticias o pasajeras, invertimos tiempo, recursos, esperanza y energía en recetas mágicas que nos aseguran cambiar una realidad que no nos gusta…

El hambre y la sed se ven en la mirada de las personas, en los temas de conversación de algunas reuniones, en los medios de comunicación masiva, en los estereotipos de vida actual, en la intolerancia social, en la deformación de los valores humanos, en el relativismo sin sentido, entre otros aspectos.

Estando con Jesús, todo esto pasa a un costado, porque la verdad de Cristo es tan grande y acaparante, que ninguna de estas cosas está cerca de darnos la plenitud que podemos alcanzar junto al Señor.

Señor, que en cada encuentro con Vos pueda vivir el sentimiento de saciedad, para que mi vida sea plena, y así poder acompañar al hermano que necesita de tu encuentro.

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2 comentarios sobre “¿El beneficio de la duda?

  1. Creo que en el fondo quien ha tenido un encuentro personal con Jesús no puede negar la realidad que sintió, porque es un hecho concreto, sin embargo la debilidad humana nos lleva a hacerlo a un lado, la impaciencia nos arrastra, y buscamos hacer las cosas a nuestra manera, en unos casos acomodando a Dios a la realidad que se quiere, en otros casos negándolo no por dudas sino porque es una verdad que aplasta el deseo de hacer la propia voluntad cuando no está orientada al bien.

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