Una mujer, sus búsquedas —como las que tenemos todos—, preguntas, un camino recorrido, trillado, pruebas, obstáculos, caos. Un soplo, el Espíritu que aparece y ordena, que pone cada cosa en su lugar, que despierta a cada sueño en el momento oportuno. Un Dios presencia, providencia, ternura. Un Dios de los encuentros, de los lugares habitados con gestos pequeños enriquecidos de humanidad.

Hoy, el evangelio se pone en acción a través de una vida concreta que tiene rostro de mujer. Andrea Gómez (31), una mujer como vos, tu mamá, tu amiga. Un corazón que se abre generosamente para contarnos la intimidad de cómo surge un emprendimiento social que se encarga de la confección artesanal de carteras y tejidos atemporales y que lleva el nombre de Ruah, que ayuda y promueve a mujeres en situaciones de vulnerabilidad a través de la cultura del trabajo y del encuentro desde una fuerza que a veces cuesta poner en palabras y que nace de la fe.

Detrás de Ruah, hay una mujer creyente que invita a otras a creer con su testimonio.

Cuando conocemos a Ruah vemos más que un emprendimiento… hay algo más profundo, un propósito, una misión, una búsqueda. ¿Es así? ¿Cuál es el motor más profundo?
—Ruah surge a partir de una búsqueda personal, fue una búsqueda muy profunda por tratar de entender y responder quién era yo, a qué me sentía llamada, fue una búsqueda por tratar de integrar todo lo que iba descubriendo en mí y cómo poner todo eso en juego en movimiento para desplegarme.

“Fue una búsqueda por tratar de integrar todo lo que iba descubriendo en mí y cómo poner todo eso en juego en movimiento para desplegarme”

Yo estudié publicidad, soy colombiana, terminé la carrera, estaba un poquito alejada de la fe en ese momento y siempre había sentido como esta búsqueda de Dios muy fuerte. De hecho, hoy en perspectiva yo digo que me vine de Colombia un poco en rebeldía, pero fue una rebeldía en búsqueda de mi identidad más profunda. Vengo de una familia un poco más conservadora, entonces fue todo como un caminito de ir rompiendo estructuras; no rompiendo, sino moviendo. A mí me gusta mucho hablar de estructuras móviles, me preguntaba para qué había estudiado lo que había estudiado, entré en crisis con la carrera. Cuando terminé la carrera, empecé a trabajar en un estudio de diseño, entré en crisis con el estudio de diseño, con el modo de trabajar, no me vinculaba con nadie, estaba todo el tiempo sentada en una oficina, en una computadora y, bueno, ante tantas cuestiones, ante tantos replanteos, era como bueno, ‘¿por dónde empiezo?‘, había como mucho caos.

Me preguntaba ‘¿Quién es Andrea?’. Fue un proceso como muy rezado, muy trabajado, con acompañamiento, un ir descubriéndome, ir descubriendo a qué me sentía llamada, y ahí fui como sanando e integrando toda esta rebeldía en mi adolescencia, mi distancia con Dios —que yo digo nunca fue una distancia— fue más una distancia con las formas, me preguntaba también por qué me hacía tan infeliz mi trabajo. Fue como empezar a descubrir qué me hacía bien a mí, entonces a mí me hacía bien el vínculo, me hacía bien el encontrarme con otros. Yo hacía un voluntariado por ese momento en un hogar con mujeres y lo disfrutaba mucho, entonces a mí me frustraba mucho el decir por qué el voluntariado me hace bien y mi trabajo me asfixia tanto, como animarme a soñar cómo quería vivir.

Entonces, ¿podemos decir que Ruah nace como una respuesta a todo esto?
—Sí, Ruah nace como respuesta a todo esto que descubrí en mí. Es la materialización de cómo me quiero ir donando. Quiero ser artesana del vínculo. Me empecé a preguntar mucho por el ser mujer, qué era ser mujer bajo la mirada de Dios, y esta experiencia de entrar en mí en tanto caos me hizo conectarme mucho con todas mis vulnerabilidades, mis heridas, mis fragilidades y ahí descubrir mucha fuente de vida; entonces empieza como este anhelo de poder conectar con otras desde lo vulnerable, lo frágil, pero no como para venir y rescatarlos, sino como acompañarnos desde esa fragilidad que es fecunda a la vida. Esto que yo descubrí en mi recorrido interior, quiero poder facilitarlo para otras, entonces ahí empieza a gestarse esto de acompañar mujeres que hayan atravesado situaciones de vulnerabilidad.

“Entonces, empieza como este anhelo de poder conectar con otras desde lo vulnerable, lo frágil, pero no como para venir y rescatarlos, sino como acompañarnos desde esa fragilidad que es fecunda a la vida”

También me descubrí como creadora de belleza, me hago la pregunta de cómo aportar para reconciliar la belleza en el mundo. Hice un camino de integración, la moda, la belleza, que a veces se la ve de manera tan superficial, yo quiero colmarla con la belleza más noble, descubrir que estamos ante un Dios de la belleza, que la belleza también puede ser un medio para el encuentro.

Entonces Ruah nace de este proceso interior y fue muy rezado. De hecho, el nombre es como la síntesis de todo este caos que yo descubría que era fecundo. Cuando yo visualicé lo que quería hacer, empecé a rezar con ese caos y se me vino el Génesis. Entonces dije “el espíritu ordena el caos”, entonces yo me imaginaba los tres núcleos de las mujeres, del trabajo y del encuentro de cada una con sus realidades, con su vida como viene, encontrándonos sobre este aliento de Dios que hace nuevas todas las cosas generando productos bellos que comuniquen algo profundo.

La misión de Ruah comienza a ser eso, comunicar algo más… que quien está de consumidor, de cliente, pueda percibir que hay algo diferente y la mujer que hace caminito se promueva desde el trabajo, se conecte con su dignidad y con habilitar el espacio para que descubra a Dios. Sin que sea algo muy explícito, en nuestra humanidad acompañada, compartida, ir descubriendo que hay un Dios de la ternura que sostiene, que es madre también. Este es el motor más profundo de Ruah.

“La belleza, que a veces se la ve de manera tan superficial, yo quiero colmarla de la belleza más noble, descubrir que estamos ante un Dios de la belleza”

¿Qué relación hay entre Ruah y cómo influyó en tu propio proceso de fe?
—Para mí Ruah es un regalo de Dios que se me dio generosamente para ir desplegándome en abundancia, en autenticidad, como para ir profundizando ese vínculo con la oración, con Dios, con el Espíritu y tener algo muy concreto donde donarlo y donde hay posibilidad de seguir generando vida, vínculos, objetos, belleza y como espacio para otros. Es una relación muy profunda y que me ha ayudado mucho a ver a un Dios muy encarnado. Muy generoso, muy presente.

A veces, cuando tengo miedo, cuando dudo, cuando tengo el panorama muy nublado, cuando no sabemos por dónde ir, me hace muy bien volver al origen y al nombre. El nombre me responde la oración, el Ruah, el Espíritu, el que crea, el viento, que a veces no sé dónde va, pero es. El nombre es muy significativo, por eso, me trae a la memoria todo el tiempo que es de Él, que fue un regalo, que es justamente ponerme detrás del Espíritu. Es como un aprendizaje muy lindo para vivir la fe.

Como mujer cristiana, creyente, ¿cómo vivís el llamado a la santidad?
—El llamado a la santidad —me encanta la pregunta— trato de vivirlo en el día a día, me hace muy bien volver a Teresita en las pequeñas cosas con gran amor, entonces, por ahí a veces quisiera actos más heroicos o que Ruah crezca más rápido y vuelvo al centro. Es en lo cotidiano, en lo que me toca hoy; es en lo pequeño, en tratar de bajar la ansiedad y conectarme con el aquí y con el ahora. Ir habitando cada momento, estar presente en cada conversación. Creo que es un desafío enorme en nuestra cultura, pero justamente siento que el llamado a la santidad hoy desde mi lugar pasa por ahí, en ser fiel al Espíritu, a lo que voy descubriendo que Dios me va pidiendo, el serle muy fiel y serme muy fiel a mí misma justamente en esta cultura que quiere imponer tantas cosas, ciertas modas, ciertas tendencias, ciertos estilos. Como “No pará, ¿qué me dice el Espíritu a mí? ¿Cómo siento que despliego lo más auténtico que hay en mí y en esa fidelidad cotidiana creo que trato de vivir la santidad y cómo en el no tener miedo a ser auténtico, a pensar distinto, a manifestar lo que uno cree, descubre?

¿Qué santas o santos te inspiran? Contános por qué…
—Teresita en esto de las pequeñas cosas, Teresa también es una mujer que me ha inspirado mucho y ha confirmado en la autenticidad del camino de la santidad. Me encanta esa audacia que tuvo, esa mujer apasionada, andariega, tan jugada en su tiempo, como una mujer muy del Espíritu también. Eso me inspira mucho. Me inspiran mucho las grandes santas, soy fan de algunas (sonrisas), de algunas santas del medioevo porque también me parecen mujeres de fuego, mujeres auténticas, buscadoras audaces, profundas, bellas, así que muchas veces mi oración es a las santas mujeres del cielo, mis amigas del cielo, y me imagino como una danza de mujeres que buscaron a Dios.

Pero a mí me gusta mucho también el vínculo con el varón, me parece que es algo muy fecundo. Entonces, tengo también santos amigos, me inspiran mucho los santos que descubro como muy disponibles al Espíritu, la originalidad que Dios fue imprimiendo en cada uno de ellos me hace muy bien.

Voy teniendo varios santos que a lo largo de mi vida me han ido acompañando y a los que vuelvo. Me hacen muy bien San Francisco, Santa Clara, bueno (risas), muchos santos me encantan. Me hace muy bien la vida de los santos, me fortalece mucho en lo cotidiano, no imitarlos exactamente, pero sí ir encontrando en ellos la fortaleza de ser fieles a lo que el Espíritu les iba pidiendo a cada uno y, bueno, ir viendo que no era todo color rosa, sino que se iban encontrando con sus propias contradicciones, pero también con el entendimiento de mucha gente y ellos fieles a Dios y así mismo fueron como desplegando su misión.

“El nombre me responde la oración, el Ruah, el Espíritu, el que crea, el viento, que a veces no sé dónde va, pero es. El nombre es muy significativo, por eso, me trae a la memoria todo el tiempo que es de Él, que fue un regalo”

Hemos visto que en Ruah tienen un lema: “mujeres que creemos y creamos”. ¿En qué creen las mujeres de Ruah?
—Ruah es un espacio abierto al otro, creo que es como ese encuentro humano que trasciende toda creencia, entonces está abierto, disponible. La fe, María está súper presente. A mí me encanta —y las chicas lo saben— María de Guadalupe. Es como la patrona de Ruah por esto de la integración de culturas latinoamericanas. Entonces, se comparte la fe, hay encuentros desde la fe, pero no es excluyente tampoco. Creo que en este sentido se puede trascender.

—¿Qué vinculo hay entre sus convicciones (creencias) y sus creaciones (productos)?
—Hay un vínculo muy profundo. Esto es algo que me gustaría responder de manera más explícita, pero bueno, es algo que de a poco se va dando. Cada producto tiene un nombre en hebreo o en griego que invita a un estado interior que surge de todo este proceso de gestación de Ruah. Yo me di cuenta de que fui habitando diferentes lugares interiores como esto de la vulnerabilidad, que es vulnus —hay una cartera que se llama vulnus amoris— que hace referencia a la vulnerabilidad herida que yo descubrí en mí, este deseo de comunicarlo. Después hay otro modelo, que se llama humus, que es ese momento de profunda humildad. Recuerdo que estábamos mucho con santa Teresa cuando habla de la humildad, esa verdad sobre quién soy así desnudo, que a veces duele, que a veces incomoda, que a veces es tiempo de espera, que uno necesita madurar, atravesar procesos. Entonces, cada modelo va teniendo un significado profundo desde la fe.

¿Cómo está conformado el equipo?
—El equipo ha ido variando desde que nació Ruah. En este momento, hay un equipo firme hace ya casi tres años. Está Germán, está Camila, que son los que llevan conmigo el emprendimiento, y después están las chicas, que en este momento son cinco. Algunas llevan más tiempo en el emprendimiento, otras menos. La idea es, a partir del año que viene, seguir abriéndonos.

¿Comparten momentos de oración/espiritualidad?
—Sí, nosotros como equipo intentamos tener momentos de oración, también se está formando un equipo en Colombia porque Camila, una de las chicas, es colombiana y se volvió a su país, entonces estamos queriendo abrir allá y nos juntamos a rezar, a compartir la palabra, hicimos la novena a San José juntos. Está muy fuerte la oración con las chicas también, generalmente, a fin de año compartimos una misa de cierre o un retiro. La idea es que sea libre, que lo sientan como una invitación y no como una imposición. Desde el equipo que conduce sí tenemos momentos de oración continuo donde decimos “paremos todas las ocupaciones, todas las tareas, todos los objetivos” y que sea un encuentro de humanidad entre nosotros, preguntarnos cómo estamos, qué necesitamos, vamos cultivando el vínculo desde la oración.

¿Qué te enseño Ruah sobre la mujer? ¿En qué sentís que te aporto respecto de la mirada concreta sobre el rol de la mujer en la sociedad, en la Iglesia?
—A mí Ruah me enseñó y enseña todos los días sobre la mujer. Creo que me provoca en el buen sentido a seguir rezando sobre la mujer que quiero ser y que Dios quiere regalarme. Y me permitió y permite ser testigo de la búsqueda que tiene la mujer hoy en la actualidad con todas sus deformaciones, no comulgo con el feminismo radical que hay hoy en día, me parece que la mujer está muy agresiva, ciertas corrientes son muy agresivas.

En Ruah se hizo muy presente esto de la mujer abierta al varón, fue como una intuición muy fuerte, la necesidad de comunicar la complementariedad. Eso se ha hecho muy fuerte en Ruah y se ve en el equipo, amplifica la mirada. Se me viene también mucho al corazón la pregunta “¿Cuál es el modelo de liderazgo de la mujer?” No caer tanto en eso tan vertical, sino ir encontrando un estilo más horizontal, circular, que es difícil, que es un desafío, tenemos culturalmente muy arraigadas las otras formas, pero bueno, que sea una búsqueda me alienta a seguir intentándolo y creo que todos los que hacemos parte de Ruah estamos muy abiertos a indagar esas formas y muy humildes a equivocarnos.

Pero bueno, siento que es como un liderazgo a modo femenino en el buen sentido que integra a otros. Busca que otros también puedan generar vida. Es una búsqueda, pero me alienta a esto, a que siento que la mujer está en búsqueda y eso me parece sumamente alentador y si se puede aportar desde lo que uno va descubriendo, intuyendo, es bueno que así sea.

Siento que la mujer tiene muchas fuerzas, muchas ganas y hay reclamos muy auténticos que siento que necesitan encontrar cauces fecundos y conciliadores y en diálogo con el varón. Creo que en la Iglesia vamos descubriendo nuestro lugar, descubro que hay muchas ganas de ponernos en juego, de donarnos, que hay ganas de hacer las cosas de un modo más humano. Un modo donde pongamos en el centro lo humano, que primero estén todos bien cómodos y sientan que dan fecundidad en lo que están haciendo, que se sientan parten activa y partícipe.

Con las mujeres de Ruah he aprendido que son unas guerreras por sus hijos, que es el cuidar la vida de una forma entrañable, muy de la entraña, desde lo profundo.

Vemos que muchas veces en las redes sociales de Ruah suben imágenes de la Virgen María o hacen referencia a algún día especial del calendario litúrgico. ¿Hay una intención de evangelización, de compartir un mensaje de fe?
—Esto de las redes sociales está siendo una búsqueda, un caminito, que me lo cuestioné y se lo cuestioné al equipo varias veces. Hubo miedo, temor, esto de perderemos seguidores, clientes, nos cerraremos mucho… pero bueno, también lo fui rezando y siento que hay que ser muy auténticos en todo y Ruah nace desde la fe, se me viene la cita “no se puede callar lo que hemos visto y oído”. Lo que sí, yo rezo mucho el cómo ir comunicando porque hoy también hay mucha resistencia, mucha violencia, no quiero que sea algo impuesto, sino que brote con naturalidad. Somos esto, en Ruah está presente Dios, es parte y lo queremos comunicar y la respuesta ha sido muy linda. Hay respuesta y me voy dando cuenta que hay mucha sed de autenticidad. De esta manera, Ruah va creciendo en identidad, en integridad y en esa primera intuición que tuve para desde lo bello comunicar lo profundo. Y también ir evangelizando desde lo auténtico que vamos siendo, cómo vamos viviendo la fe, desde lo bien que a nosotros también nos hace.

—¿Qué mensaje te gustaría dejar a las mujeres?
—Las invitaría a todas a entrar en esa oración profunda con la Virgen María y con el Espíritu Santo para seguir tratando de comprender qué es lo que pide Dios de nosotras en este tiempo. Yo tengo la intuición profunda de que es la mujer la que tiene que volver al centro para que la humanidad vuelva al centro. Es un desafío que tenemos como mujeres y pienso que la Virgen es ese modelo que tenemos que ir escuchando en el Espíritu. Me gusta mucho esta imagen de María y el Espíritu como indivisibles, que nos guíen e ir colmando esos pequeños lugares que habitamos. Ir fermentando de ternura, de misericordia, de amor, esos pequeños lugares que habitamos. Ir haciendo como casas hospitalarias en una sociedad que está muy fragmentada y herida, ahora más, después de esta pandemia. Preguntarle al Espíritu qué es lo que quiere de nosotras, mujeres de fe. Ser lámparas, seguir dando a luz espacios de humanidad. Que se animen, que no tengan miedo, que seamos mujeres orantes y de acción, que llevemos esa oración a la acción y tengamos una presencia muy femenina en el mejor sentido de la palabra femenino. Que sigamos descubriendo qué quiere decir lo femenino. Y bueno, está la gran maestra, que es María. Siento que es un tiempo muy de la mujer, pero porque la sociedad tiene sed de ternura. Así que bueno, las invito a todas a hacer esa pregunta y cada una a su estilo, en su autenticidad ser y desplegar ese ser mujer, escucharlo mucho.

Un comentario sobre “Ruah: mujeres que creen y crean

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