Fieles a su carisma, las Hermanas Dominicas de San José trabajan para formar de manera integral a niños, niñas y adolescentes a través de distintas acciones pastorales. Presentes en tres provincias de nuestro país, mantienen vivo el deseo de alabar y bendecir a Dios, pero, sobre todo, el de servirlo en la entrega cotidiana de sus vidas.

Esta congregación surge en territorio argentino fundada por el fraile dominico conocido como Padre Reginaldo Toro, ex obispo de Córdoba y La Rioja. El religioso acompañó y formó a las primeras hermanas inculcando en ellas la caridad como motor para cada acción, “una virtud que las anima a superar el individualismo y el personalismo para salir al encuentro del otro“. Las hermanas tienen su casa madre en Córdoba, pero también comunidades en el interior de la provincia, en Corrientes y en La Rioja.

Para conocerlas en profundidad, hay que adentrarse de lleno en el servicio que realizan, por ello entrevistamos a la Hermana Carina Acevedo, quien es correntina y hace 21 años es parte de esta congregación. Actualmente está a cargo del Hogar del Carmen en la ciudad de La Rioja, junto a las Hermanas Lilian y Antonella.

Al preguntarle sobre el espíritu de su misión, la madre nos relata que su “carisma es educacionista, es formar el corazón y la inteligencia de niños, niñas y jóvenes en colegios y hogares”.

Amar en el dolor

El Hogar del Carmen fue fundado en el año 1898 por un grupo de señoras denominado Sociedad de Beneficencia Asilo del Carmen. Esta obra surgió debido a la situación que atravesaban por causa del terremoto que había azotado a la provincia el año 1894, que causó la destrucción de la ciudad. Muchos niños y niñas quedaron sin sus familias y pensaron que era necesario crear un lugar para poder albergarlos. Con el transcurso del tiempo, el trabajo del hogar se tornó difícil de sostener para este grupo de mujeres debido a que la demanda de los niños que allí permanecían era de tiempo completo. Es por ello que en el año 1903, el Obispo envía a las Hermanas Dominicas de San José a tomar posesión del lugar.

Nuestro carisma es abrazar la humanidad doliente y eso es lo que tratamos de aplicar en el hogar: abrazar todas las dolencias de las niñas, de las adolescentes y también de sus familias” 

“El hogar se fue adaptando y cambiando a medida que fueron pasando las épocas. Comenzó siendo un hogar para huérfanos, hubo diferentes talleres por muchos años, incluso para gente de afuera del hogar, se hacía una tarea comunitaria en el barrio. Por un tiempo también funcionó una escuela primaria. Fue pasando por diferentes etapas, hasta quedar en solo hogar de niñas“, nos cuenta la hermana. Hubo épocas en las que había muchas niñas, llegaron a tener entre 50 y 70. Vivían allí niñas del interior de La Rioja que por diferentes motivos no podían estar en sus hogares, en algunos casos porque no tenían ni mamá ni papá y se quedaban también los fines de semana, hasta que podían irse a sus casas, incluso después de largos meses.

Acoger con alegría

En la actualidad, el Hogar Nuestra Señora del Carmen sigue trabajando en favor de la vida. Al estilo de San José, desde el silencio y el amor puesto en obras concretas, asisten a niñas entre 6 y 14 años. Como todo hogar, se vive en un ambiente familiar, donde ellas encuentran contención y cuidado, tanto físico, como también psíquico y espiritual. Cada una de las niñas tiene su historia y las hermanas las acogen siempre con el corazón y los brazos abiertos de par en par: “Viven con nosotras de lunes a viernes, les brindamos una formación integral, las acompañamos en la escuela, les enseñamos catequesis, las ayudamos a tener hábitos. Nuestro carisma es abrazar la humanidad doliente y eso es lo que tratamos de aplicar en el hogar: abrazar todas las dolencias de las niñas, de las adolescentes y también de sus familias, acompañarlos en este proceso de crecimiento”. Las nenas llegan por distintos motivos, algunas viven en situaciones de extrema vulnerabilidad, otras tienen padres que por diferentes razones no pueden hacerse cargo de ellas y recurren a las hermanas. Es por eso que el trabajo abarca a la familia, porque tratan de ayudar no solo a quienes viven con ellas, sino también a que las nenas al retornar a sus casas puedan de igual manera ser contenidas en su propio hogar.

“Normalmente tratamos que las niñas que vienen quieran estar en el hogar, porque cuando no les gusta hay un malestar y nosotras no podemos obligarlas a quedarse”, nos cuenta Carina, por eso trabajan bajo un sistema de reglas que hacen que cada una de ellas se sienta parte de la dinámica de la gran familia que allí las espera. A algunas les cuesta más que a otras separarse del hogar, es normalmente en la etapa adolescente donde deciden emigrar, cuando se sienten preparadas y listas para asumir desafíos. De eso se trata este proceso, las hermanas las acompañan formándolas en valores para que puedan alcanzar una libertad plena y digna de hijas amadas por Dios, para que puedan forjar un futuro esperanzador.

En los últimos años, se abrieron las puertas también a jóvenes universitarias que desean un espacio de tranquilidad y contención para estudiar. La Residencia Universitaria Hogar del Carmen aloja a estudiantes que llegan desde el interior o de otras provincias y desean forjar su futuro a través de una carrera y de una profesión. 

Maternidad espiritual

“Somos madres de tiempo completo, no somos solo funcionarias en el hogar, sino que ponemos la vida, ponemos todo, dedicamos todo el tiempo a esto, aunque tengamos tareas afuera. El hogar siempre ocupa el primer lugar”, expresa Carina con mucha firmeza. Me toca expresar lo que estas palabras me generan, y puedo decir que en ese hogar sobran los abrazos. Quienes conocen a las hermanas seguramente coinciden en que compartir con ellas y ver la entrega voluntaria que hacen por cada niña es admirable. Saber que detrás de cada berrinche hay una historia y mirarlas con la ternura que ellas lo hacen te moviliza hasta lo más profundo. Tanto ellas como María acunan a estas vidas preciosas que llegan por voluntad divina. El rezo del rosario las une, hablar de Jesús las hermana, la bendición cotidiana las protege y las oración comunitaria las convierte a ellas también en servidoras e intercesoras poderosas ante Dios por las necesidades de otros niños y niñas que están esperando ser abrazados por un amor como el que ellas reciben.

La madre del hogar nos cuenta también su testimonio: “En el hogar pude comenzar a vivir la maternidad realmente, fui creciendo en eso, en amar a las nenas como son, recibirlas y abrazarlas con compasión y misericordia, como nos pide tanto Jesús. Elegimos apostar siempre por las nenas porque lo hacemos por su bienestar y por amor a Jesús; Dios transformó mi vida e hizo mi corazón más humano”. 

“La pobreza, el trabajo, el sacrificio siguen siendo los pilares que sostienen esta casa” 

Para concluir, tomo textual estas palabras de las hermanas acerca del hogar, pero que sin duda son un hermoso resumen que podemos hacer extensivo a todas las obras y comunidades que ellas abrazan.

“La pobreza, el trabajo, el sacrificio siguen siendo los pilares que sostienen esta casa. Como hace más de 120 años, la caridad y la ternura siguen caracterizando la vida cotidiana; la Providencia sigue asistiendo, la generosidad del pueblo sigue sosteniendo esta obra… Y Nuestra Señora del Carmen, desde su corazón de madre preocupada por los más desvalidos, sigue protegiendo bajo su manto esta obra que no es otra cosa que fruto del Amor incondicional de Dios por su pueblo… Un Dios que nos sigue diciendo: ‘Yo estaré con ustedes hasta el fin de los tiempos'” (Mt. 28-19). 

Un comentario sobre “Abrazando a la humanidad doliente

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