El mes pasado te proponía meditar sobre María en la reflexión “Mirá a la Estrella, llamá a María”. Ahora, en este tiempo de Adviento, te propongo seguir preparando el corazón para la llegada de nuestro Salvador. Así como los Magos de Oriente siguieron a la Estrella de Belén para llegar al pesebre, nosotros podemos mirar esta otra estrella que es María, para que dé a luz a Jesús en este nuestro corazón que, dicho sea de paso, es un gran misterio. Porque es un conjunto de sentimientos, deseos, heridas, apegos y muchas otras cosas… y también tiene una sombra. Y hoy quiero que pensemos juntos de qué se trata esta sombra…

La sombra

Existe en nuestro interior, y en nuestro corazón también, un deseo de ser de determinada manera, un ideal, de querer que los demás (e incluso nosotros mismos) nos vean de cierta manera. Pero resulta que muchas veces no coincide con lo que verdaderamente somos. Y, como dice un dicho, “cuanto más brilla nuestra máscara, más oscura es la sombra”. Terminamos ocultando lo que somos de verdad.

Por un lado, es cierto que ya desde chicos tendemos a esconder o reprimir aquello que el otro desaprueba. Eso va haciendo que de adultos tengamos, incluso inconscientemente, ese hábito incorporado. Por otro lado, no nos gusta mostrar cosas nuestras que nosotros mismos no nos bancamos (¿acaso subimos fotos a nuestras redes sociales donde salimos mal, donde estamos haciendo algo que no nos agrada?). Todo esto puede contribuir a que esta sombra se halle en nuestro interior. Y, en la medida en que no la reconocemos, puede agigantarse cada vez más.

Pongamos un ejemplo concreto: supongamos que me encantaría ser totalmente libre, no depender de lo que los demás me digan ni del amor de ninguna persona, ni de mi pareja ni de mi amigo más cercano, porque todo lo espero de Dios. Él me ama y no necesito nada más. Eso me lo repito una y otra vez. Resulta que fue mi cumpleaños y un amigo no me llamó. La realidad es que yo esperaba su saludo y el no haberlo recibido me puso muy mal interiormente. Eso sucedió realmente: mi amigo no me llamó y a mí me afectó mucho. Yo puedo aceptarlo, darle cabida a ese sentimiento o puedo dejarlo pasar autoconvenciéndome de que no me importa porque Dios me ama.

No tenemos que tener miedo de nuestra historia, de lo que sentimos, de lo que esperamos, de lo que nos sucede, de lo que somos…

Jesús, la luz que ilumina nuestra sombra

La sombra la podemos percibir cuando hay luz. De lo contrario, sería todo una total oscuridad. Jesús viene a iluminar esa sombra. Viene a mostrarnos cuál es, de dónde puede provenir y de qué manera convivir con ella. Porque, no seamos ingenuos, esa sombra siempre va a existir. El desafío es poder reconocerla cada vez más. No hay que tenerle miedo. Al contrario, en todo caso, deberíamos tener miedo de no aceptar lo que hay en nosotros. De no animarnos a realizar ese viaje interior en nosotros mismos.

Si nos enfrentamos a esta sombra cara a cara incluso vamos a poder descubrir potenciales ocultos, nuevos modos de actuar y de sentir. Además, nos vamos a dar cuenta de que, en el fondo, no era tan mala ni tan amenazadora como pensábamos que era.

En el ejemplo anterior, mi yo ideal me dice que no debería importarme si no me saluda mi amigo porque Dios me ama. Si me autoconvenzo de eso sin aceptar que, en el fondo, yo esperaba y necesitaba ese saludo, estoy ocultando esa sombra. Es un desafío asumir que hay una parte en mi interior que me reclama afecto aunque yo quisiera que eso no sucediera. A eso estamos llamados: a aceptar y a asumir lo que nos sucede, sin vueltas.

Tomemos la imagen del pesebre: probablemente haya sido medio oscuro. Uno podría percibir sombras… incluso el olor no debió ser el más agradable. Hagamos de cuenta que el pesebre es nuestro corazón. Pensemos que en él está también María, nuestra estrella. Ella nos va a ayudar a no tener miedo, a decirle SÍ a Dios, a pesar de todo. María puede dar a luz a Jesús en nuestro corazón para que ilumine también nuestra sombra. En esta Navidad, Jesús quiere iluminar nuestra vida, quiere nacer en nuestro interior, quiere abrazarnos con la ternura de un niño que nos facilita el no resistirnos.

¿Nos animamos a decirle SÍ a nuestra realidad?
¿Nos animamos a dejar que Jesús la ilumine?
¿Nos animamos a dejarnos apesebrar el corazón?

Un comentario sobre “Luz que ilumina nuestra sombra

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