Muchos padres, en su deseo de festejar la vida y el futuro nacimiento de sus hijos, hacen en la actualidad lo que conocemos como baby showers, a los cuales invitan a las personas por las que tienen un afecto especial y con quienes quieren compartir la alegría. Porque, como dice un dicho: «la alegría compartida, se multiplica».

Pensando en esto, se me venía al corazón lo siguiente: «Si Jesús estuviera por nacer ahora y quisiera organizarle un baby shower junto con la Virgen María y San José… ¿qué haría? ¿Qué podría regalarle yo a Jesús?»….

Por empezar, nunca en un festejo puede faltar la alegría, a través de las risas, juegos, sonrisas… Así que, el primer apunte en mi corazón: esperar en alegría. Tal vez esto signifique sonreír más y quejarme menos, contestar un llamado telefónico con tono alegre… A veces algo simple, pequeño pero sincero, puede marcar la diferencia.

Además, lo que se regale tiene que ser significativo, valioso para el bebé y para quienes lo cuiden. A Jesús siempre lo que más le interesó era el corazón del hombre. Llevar el Amor de Dios a los hombres era lo que lo movilizaba en todo momento.

Pero para eso necesita que lo dejemos entrar. Mi corazón es un tesoro, un tesoro cuya llave la tengo yo. ¿Quisiera regalarle a Jesús mi vida, mis decisiones, mis acciones? Tal vez haya algo en particular que en este tiempo me cuesta abrirle a Jesús pero que el corazón me dice que lo mejor sería compartirlo con Él. ¿O quizás haya alguna decisión que quiero regalarle?…

Si Jesús estuviera por nacer ahora, ¿qué podría regalarle yo?

Otro elemento que, por lo menos yo siempre vi, es la decoración. He visto simples paredes blancas transformadas en paredes llenas de colores, con cintas y guirnaldas colgantes, el nombre del bebé en letras grandes, un “Te esperamos” y varios adornos más. Esas paredes blancas pasaban a estar llenas de color y vida. Y eran bellas y únicas. Expresaban espera, alegría y la personalidad de quienes las decoraron. Eran, repito, bellas y únicas.

¿Qué cosa de mí que está apagada puede tener y dar más vida? ¿Qué don puedo sacar afuera para contribuir con el festejo por la vida de Jesús? ¿Tal vez pueda adornar con pureza de intención alguna acción? ¿O quizás hacer alguna obra de misericordia, como ir a visitar o llamar a algún anciano, llevándole la alegría de la esperanza y del amor de Dios, que siempre da color a nuestra vida?

Vos y yo somos únicos y Dios nos creó con dones maravillosos. ¿Cuál de ellos podría yo sacar de la caja de lo escondido, desempolvarlo y ponerlo “a funcionar”, para que brille y muestre la alegría y el deseo de ver al Niño amado?

Sabemos que muchas veces (si no, la mayoría), lo más importante no es lo material, sino el compartir el momento, el vivir juntos esta espera gozosa, esta ansiedad amorosa por ver, finalmente, al niño que está en camino. Y este niño que nació en Belén era muy, muy especial, porque era Dios y hombre a la vez; un regalo de amor de la Santísima Trinidad hacia nosotros.

Te invito a dedicarle a Jesús en esta semana un ratito o varios (lo que te sugiera el corazón), a contemplar, con sencillez y serenidad, a la Virgen y a San José: el clima de amor entre ellos, la confianza, la panza grande de María… acercate a Ella. Quizás te invite a tocarle la panza para sentir a su hijo, al Niño, que está vivo, que se mueve y cuyo corazón está latiendo por amor a vos…

Estás invitado, con mucho amor, al baby shower de Jesús. ¿Vas a ir?… ¿Qué regalo le querés hacer a quien te brinda el mejor regalo del mundo: a Él mismo?

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