Cantante e hija de María, así se presenta ante mí. Con su dulce voz, muestra la vivencia de su fe y su amor por la Virgen. Valeria Boccacci, una joven artista que crece en su búsqueda de llevar evangelio a través del don de la música. Cantante de tango y de jazz, se encontró con la invitación de Dios y a través de su sí logró transformar su carrera y poner los dones que él le había regalado a su servicio.

«Soy muy mariana, intento reflejar a María en la pobreza de lo que soy. Me gusta la música y canto desde muy chica, solo que el llamado a cantar música católica se dio de más grande»

¿Cómo descubriste tu vocación? ¿Fue un proceso o hubo un hecho puntual?
— Yo iba a la iglesia, vengo de una familia católica, la experiencia de Dios y de fe la tenía desde chica, pero siempre escuché canciones muy clásicas, por ende, no se me cruzó por la cabeza el deseo de hacer música católica. La experiencia surgió porque tengo un hermano sacerdote que antes de su discernimiento empezó a estudiar cine y comenzó a armar obras de teatro misioneras para la evangelización. Luego de ahí surgió Acto 12, una productora audiovisual para la evangelización.

Mientras realizaban una de las obras llamada “La Pasión de Jesús”, se quedaron sin una cantante y él necesitaba alguien que cantara en el papel de María Magdalena, entonces, un poco como de favor dije que sí. En el proceso de ir actuando, hubo algo en la fraternidad con los demás chicos que participaban de la obra que fue encendiendo mi corazón. El día del estreno yo sentía una alegría y una paz, como cuando algo es de Dios; no la podía definir en palabras, yo ya había cantado en escenarios grandes, como el Luna Park, pero esta alegría nueva sobrepasaba todas esas experiencias, entonces comencé a sentir que era por ahí. Y desde ahí mi hermano me fue ayudando a componer para seguir haciendo música católica y a partir de ese momento, fui confirmando esa inspiración. 

¿Cuál fue el signo que te confirmó que ese era tu lugar?
— A pesar de eso que sentí, le pedí un signo a Dios. Necesitaba tener la seguridad de que era su voluntad y como yo participo de dos movimientos, el de la Palabra de Dios y el de Schoenstatt, unifiqué ambos carismas. En el Movimiento de la Palabra de Dios, tenemos como carisma “el amor por la palabra” y hacemos como hacía San Francisco de Asís: abrimos la palabra al azar y donde se posan nuestras ojos, ahí nos habla Dios. Entonces lo que yo hice fue tomar la palabra e ir al santuario de Schoenstatt, donde sentimos una presencia fuerte de María, y estando ahí le pedí a Dios que me confirmara.

Soy además Administradora de Empresas y Licenciada en Recursos Humanos, tengo una vida profesional, me gusta mucho estudiar, yo necesitaba que él fuera claro y me dijera para dónde ir. Cuando abrí la palabra, me salió un salmo que decía “cantarás alabanzas eternamente en mi nombre”, pero como soy media terca, pedí un segundo signo. Como en el santuario a veces tenemos frases de santos sobre el altar, agarré una también al azar, y la frase decía “que tu vida sea un Magníficat”.

Entonces, con esas palabras ya no me quedaron dudas. Sigo teniendo mi trabajo como Administradora de Empresas, pero con la consciencia que mi misión está por el lado de la música y el arte. Quizás es algo que estuvo en mí corazón desde chica, pero cuando vas creciendo, son tantas las cosas con las que te vas enfrentando, trabajos, carreras, propuestas, que a veces se puede hasta desdibujar un poco la misión. Pero una vez que la confirmé, me dije: todo lo demás puede variar, pero evangelizar a través de la música, no.

¿Sentís que tu música es un instrumento de transformación para la sociedad, para la realidad que vivimos como iglesia?
— Es una responsabilidad enorme, trato de no ser consciente de eso. Cuando compongo una canción no sé las fibras que toca en el otro, trato de no pensar en eso porque me asustaría un poco. Pero a través del testimonio de otros que me van compartiendo, sobre lo que les pasa con una canción mía, digo «¡wow!«, realmente la música tiene un poder único.

Podemos estar hablando horas y horas de Dios y a esa persona que nos escucha le entra por un oído y le sale por el otro, pero escuchan una música y hasta pueden llorar. Ahí me doy cuenta de que Dios creó la música para tocar fibras donde la palabra no llega. Entonces digo, no es el arte solo una herramienta para generar cultura, sino para tocar corazones, incluso los más duros, aquellos que con diálogo no se movilizan. Hay mucha presencia de Dios en la música.

No es el arte solo una herramienta para generar cultura, sino para tocar corazones, incluso los más duros, aquellos que con diálogo no se movilizan. Hay mucha presencia de Dios en la música.

¿Hace cuántos años comenzaste a cantar para Dios?
— Las primeras canciones que hice con mi hermano fueron en el 2007, al comienzo haciendo un poco de teatro musical para la evangelización y luego componiendo sobre mis propias experiencias de fe o inspiradas en oraciones. 

¿Cuál es el proceso o el momento previo a componer una canción? ¿Cómo vivís esa experiencia?
— Es muy variado, no tengo un librito para seguir un paso a paso. A veces me sale mejor a presión, quizás tenga que ver con la auto-confianza, pero me cuesta pensar que lo que yo voy a escribir va a ser inspirador, entonces cuando alguien me pide que escriba una canción, como fue la de San José, por ejemplo, que fue un pedido de una señora de España que llegó para pedirme una canción original, la hice en 20 minutos, y surgió tan fácil que ahí me di cuenta de que no era yo. Por eso digo que funciono mejor cuando es a pedido o bajo presión.

Cuando escribo alguna inspiración mía me demoro mucho más. Aun así, no descarto nada; lo que me surge en momentos de oración, lo escribo o lo guardo en un celular y cuando tengo que armar un disco, vuelvo y lo desarrollo un poco más. Pero lo que es fundamental antes de hacer una canción es ponerme en oración y pedir mucho la presencia del espíritu.

Con el proceso voy descubriendo que componer, como cualquier proceso de creación, no puede estar desvinculado de la presencia del Espíritu Santo, que es el gran creador. Esto me permitió hacer un vínculo muy fuerte con el Espíritu, que antes no lo tenía. Cada canción tiene su historia, y trato de no cerrarme a una sola idea, a veces surgen de un momento doloroso o de algo que le pasó a un hermano. Trato de darle cabida también a los escritos de otros que a veces me piden que los interprete, trato de no ser autorreferencial en eso, sino que intento abrirme a eso que también pueden ser inspiraciones del espíritu.

— ¿Trabajás sola o tenés un equipo que te acompaña?
— En esto, creo que el trabajo individual es imposible; pongo de mí lo que es la formación musical y vocal, pero hay que dar la posibilidad a otros para que ayuden y que puedan vivir con una el proceso de creación. Confío mucho en el productor musical que elija para el disco, en mis músicos, en mi director espiritual. Siempre el proceso de un disco no es un proceso solitario para mí, es más, podría decir que es comunitario, donde cada uno comparte sus dones, para que después salga un producto del cual yo soy la cara, pero no soy solo yo la protagonista, hay un grupo siempre detrás que hace que la producción suene espectacular.

Al igual que en los videoclips; la gente cree que soy actriz, pero la realidad es que soy malísima, pero cuando hay un director de cámara que sabe captar el momento justo en el que hacés una expresión, sin duda va a quedar buenísimo el trabajo final. Siempre lo vivo como un proceso compartido, en equipo. 

— ¿Tuviste o tenés la experiencia de trabajar en red con otros artistas católicos?
— La verdad que es algo muy lindo, creo que vamos descubriendo en este último tiempo donde surgen todas las colaboraciones lo lindo de compartir con hermanos en la fe, que hacen lo mismo que una y que están en la misma búsqueda, porque no solo es el resultado de la música que vas a lanzar en colaboración, sino que lo mágico es el proceso para llegar a esa canción; un proceso donde conocés el alma de otra persona que está en la misma búsqueda, con tus mismas inquietudes, donde se genera una fraternidad, incluso a la distancia, y vínculos que pueden durar toda la vida. Es muy rico ese proceso con alguien, donde se trabaja por el mismo objetivo. Más allá del resultado en sí, siempre digo que es importante trabajar en comunidad, no voy a dejar decirlo.

— ¿Hacia dónde va tu proyecto actualmente?
En la pandemia, surgieron muchas cosas, me dio tiempo de estar en casa y de ir proyectando. Una época muy linda de la Iglesia y que es especial para mí es el adviento y la navidad, así que a fin de año estaré lanzando un disco que contiene canciones para este tiempo litúrgico. En el movimiento de Schoenstatt, tenemos un rosario con meditaciones, que se llama “rosario del instrumento”, escrito por nuestro padre fundador, José Kentenich, que está en proceso de ser grabarlo y acompañado con canciones, ya que es un instrumento que usamos a nivel internacional.

Después de ver la película de la Hermana Clare, “O todo o nada” (que de paso la recomiendo), una monjita artista que venía del mundo del teatro y la televisión y tuvo una conversión muy fuerte, donde volcó ese arte al servicio de la evangelización, me empezó a surgir la necesidad de otro disco, otras canciones, así que también estoy trabajando en eso, en un segundo disco de mi autoría, porque el de navidad tendrá muchos villancicos conocidos. 

— ¿Tus canciones apuntan a un público en particular?
— Las canciones siempre van a ser para la evangelización, últimamente me llama mucho la atención las canciones que no necesariamente hablan de la palabra Dios, sino que tienen un mensaje más abarcativo, así que seguro que este nuevo disco tendrá algo de eso; no digo que sea más secular, sino algo que me gustaría que le pueda servir a alguien que no está en la fe. Creo que va a tener un poco de todo el disco, para un público más amplio, y, por supuesto, otras que tengan que ver con nuestra vida de fe católica.

Yo me siento llamada a anunciar al público católico, pero como también tengo mis bandas de música secular con las que trabajo, trato en mis shows de dar un mensaje y de evangelizar a través de eso, en públicos absolutamente distintos y de otro palo, donde descubrí que igual se puede dar un mensaje. Si bien en esos shows no puedo hablar explícitamente de Dios, cuando estoy cantando trato de rezar. Puedo estar cantando un tango y rezando por esas personas a las que estoy mirando, y le digo a Dios “no puedo estar hablando de vos, pero sí puedo interceder”. En cada show siempre digo: “canta tú en mí, María”, independientemente de qué show sea. 

En cada show siempre digo: “canta tú en mí, María”.

— ¿Tenés próximas fechas de actuación ahora que volvimos a la presencialidad?
— Justamente en abril, tengo una invitación para cantar en Rosario, en el movimiento de Schoenstatt. Por suerte ya se va abriendo todo, voy a poder retomar viajes que quedaron pendientes, como a Misiones, a Córdoba, a La Pampa, para tocar ahí. Tengo muchos amigos, en muchas provincias a las que ya fui a tocar, con los quedamos en contacto, como esto que te contaba antes, gracias a la experiencia de conocer comunidades y que en tres días puedas formar lazos que duren años, así que sí, este año volvemos a los viajes.

— ¿Qué consejos darías a los que están empezando en el mundo de la música para Dios?
— Primero, que sea un llamado que esté muy discernido y acompañado de la oración. Segundo, la necesidad de formarse. Podés tener el llamado y haberlo confirmado, pero está bueno formarse todo el tiempo, para sacar lo mejor de cada uno y también para ir actualizando, porque la música se va transformando año a año. Y en tercer lugar, estar vinculado a una comunidad, esto que decía anteriormente, tener un equipo de hermanos en la fe con los que puedas rodearte y vivir una vida de fe, y no quedarse aislado. El rol del hermano es clave, es el que te baja o el que te da confianza en tu creación cuando se pierde la seguridad en algo.

«Los pilares para mí para hacer música: la oración, la formación y el vivir en comunidad«

El camino comunitario de la fe es lo que te va equilibrando en la vida; son voces de Dios, yo creo un montón en la voz de Dios a través de los hermanos, porque en el mundo de la música a veces por tener un talento te la creés, entonces hay que trabajar mucho la humildad y, para eso, es importantísimo la comunidad. Esos son los pilares para mí para hacer música: la oración, la formación y el vivir en comunidad


Valeria Boccacci es cantautora católica, nacida en Capital Federal, Argentina.
En julio de 2013 fue convocada para participar cantando en el Festival Mundial de la Juventud con la presencia del Papa Francisco, en la ciudad de Rio de Janeiro. A partir de allí, comienza a componer canciones con un mensaje evangelizador y de alabanza.
Durante esos años, comenzó a coordinar la productora de contenidos Acto 12, con quienes produce material cinematográfico y musical para la evangelización.
Durante 2016 y 2017, participó cantando en la misa televisada de los días domingos por el Canal 7 de la Televisión Abierta Argentina.
En 2018 comenzó a trabajar en la producción de su primer disco de música católica de la mano de los productores musicales Osi Tejerina y Oscar Mediavilla, que se titula Canta en Mí y fue lanzado en Octubre de 2019.
Al mismo tiempo, desde 2017 y hasta 2020, se desempeñó como directora de la primera Escuela Católica de Música y Danza en Argentina.
En 2021 y con motivo del año de San José, estrenó la canción y el videoclip de “Amado San José”, tema elegido por “Goya Producciones” como cortina musical de su película “Corazón de Padre”, estrenada en cines en marzo de 2022.
Actualmente, Valeria sirve musicalmente como solista en eventos dentro y fuera del país y trabaja en su segunda producción musical.

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