En la profundidad del monte santiagueño, en el polvoriento camino de ripio, rodeado de vegetación árida, el cielo es bien celeste y el sol intenso. Hace 200 años posiblemente el paisaje era idéntico, y una pequeña llamada Telésfora fue conmovida hasta el fondo del corazón, cautivada por la presencia de María. En un paraje llamado Huachana, vocablo proveniente del quechua que significa “lugar de parición”, la Virgen se quiso aparecer. Desde entonces es venerada anualmente por cientos de miles de peregrinos.

Es un santuario diferente. Fuera de los lujos, los techos altos y los detalles dorados, en Huachana predomina el polvo y lo sencillo. 

Huachana es un santuario diferente. Fuera de los lujos, los techos altos y los detalles dorados, en Huachana predomina el polvo y lo sencillo. En el templete, una especie de quincho con techo de chapa y piso de tierra, se celebra cada día la Eucaristía, se imparten los sacramentos y se forman largas filas para tomar gracia de la Virgen.

El corazón de la fe norteña

En el corazón de Añatuya, la diócesis más pobre de la Argentina, cada 31 de julio sucede algo indescriptible: la Virgencita del manto verde, con sus 37 centímetros de alto, vuelve a hacer el milagro de cumplir gracias para miles de peregrinos que se acercan a visitarla. Nueve días antes, con el rezo de la novena, la zona comienza a movilizarse, y los últimos tres, 29, 30 y 31 de julio, se da la mayor concentración de personas. De 24 familias que habitan el paraje, se registran cada año más de 150.000 peregrinos.

A pie, en bicicleta, a caballo, en moto, en camión o en auto, cada familia llega y acampa por unos días para vivir la fiesta de Huachana. Algunos peregrinos, entregan como signo de amor el último tramo del recorrido de rodillas. La mayoría provienen de localidades santiagueñas y de las provincias del norte: Salta, Tucumán, Chaco, Jujuy, Catamarca, entre otras.

Las 36 hectáreas de monte santiagueño en las que se encuentra el santuario se van poblando poco a poco de campamentos de familias enteras. Muchos lo hacen tradicionalmente cada año y la fiesta simboliza para ellos un momento para compartir la fe, acercar una ofrenda o cumplir una promesa.

Algunos peregrinos, entregan como signo de amor el último tramo del recorrido de rodillas

Del mismo modo, se congregan en el santuario varias centenas de servidores que asisten en distintas tareas en los días de la fiesta: dando la bienvenida y las indicaciones de convivencia a los peregrinos, animando las celebraciones, custodiando a la Virgen, asistiendo en la procesión, limpiando el predio, entre otros servicios.

El padre Juani Liébana, rector del santuario, participa en la organización de la fiesta desde hace 11 años: “Al principio lo organizaba un solo cura, venían 80.000 peregrinos, ahora son el doble. La fiesta fue creciendo: en la participación de los servidores, en el circuito de la Virgen, las intenciones para los días de la novena, la organización durante el año. Poco a poco la gente comenzó a descubrir este lugar como propio, donde poder acampar, seguir las celebraciones, con más silencio, y se fueron sintiendo más cómodos con el espacio”.

“Con María, un oído en el Evangelio y otro en el pueblo”

Este año, el lema que movió la fiesta fue “Con María, un oído en el Evangelio y otro en el pueblo”. El obispo de Santiago del Estero, monseñor Vicente Bokalic CM, al presidir la misa central, se refirió a esta virtud de María “como un ejemplo de oído atento a la palabra de Dios”. “Ella pudo decir sí a la voluntad de Dios porque estaba muy atenta”. También hizo referencia a la importancia de “la disposición de atender, hacer silencio y escuchar”, porque “uno de los grandes problemas de hoy es que no sabemos escuchar y no sabemos hacer silencio”. “El monte es una escuela de silencio. Y aquí quiso quedarse la Huachanita”, expresó. 

“Como necesitamos, en tiempos de apuros y de tantas preocupaciones, hacer silencio para que el Señor nos hable en nuestra conciencia”, siguió el obispo. “En Huachana estamos felices porque en nuestro interior hay algo nuevo que nos dispone a escucharnos entre nosotros. Si podemos parar un poquito y silenciar, Dios va a estar hablándonos con sus palabras de ternura, de bondad, de misericordia. Quizás también sintamos algún tirón de orejas porque a veces no andamos bien. Pero esa corrección quiere reconciliarnos y dar vida nueva”.

La sencillez, virtud del monte, se encarna a flor de piel en cada peregrino y los lujos pasan a segundo plano. 

María siempre escuchó, “pero con el otro oído en el Evangelio”, recordó monseñor Bokalic, y animó a renovar el deseo de encontrarnos “con ese Dios que nos habla a nuestra vida”, y a “escuchar la palabra que nos da vida, que ilumina nuestras mentes y tiene la fuerza en sí misma para provocar grandes transformaciones en nuestras vidas”. “Necesitamos sentir el hambre de esta palabra que nos da vida. Que María sea ejemplo de nuestra entrega al Señor, pero escuchando su palabra y escuchándonos entre nosotros”, concluyó.   

Huachana es…

Estar en Huachana es ser testigo de fe verdadero, vivo y presente de la necesidad de Dios de manifestarse ante sus hijos. Testigo de una fe popular que se transmite de generación en generación. De familias enteras que aguardan los días de la fiesta para acercarse hasta la Madre. La sencillez, virtud del monte, se encarna a flor de piel en cada peregrino. Los lujos pasan a segundo plano. María, rica en acogida, no entiende de estilo, no mide en estatus y mucho menos juzga actos. Ella sabe de fidelidad y entrega. Ella recibe y abraza, pone una mano en cada herida.

Huachana es reposo y descanso de la rutina, es un respiro espiritual que al corazón lo renueva para seguir la marcha. En medio de un lugar tan inhóspito, sin luz, ni agua, ni señal en el celular, la Virgen se hace presente para miles de personas que recorren cintos de kilómetros para contemplar su rostro de cerca por solo unos segundos.

Huachana es fe popular, es fiesta y alegría, es folklore y amigos, Patria y cultura que se mezclan sin importar de dónde vengamos. Huachana es misterio de Dios que deslumbra y se hace presente en lo más sencillo; te invita a ser testigo del verdadero amor vivo y presente, de la necesidad del Señor de mostrarse a sus hijos. Huachana hay que vivirlo, al menos una vez, para estar un poquito más cerca del cielo y ver a Dios frente a frente.

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