“Unidos por el Cristo de la calle”, más de 100 voluntarios de la capital mendocina trabajan intensamente cada semana acompañando y asistiendo a las personas que viven en situación de calle. Al caer la tarde, plazas y parroquias de la ciudad se convierten en comedores y espacios para recibir a los más vulnerables. En tiempos de pandemia, el trabajo se vio modificado, pero las necesidades aumentaron y los voluntarios no aflojaron.

La Pastoral de Calle de la arquidiócesis de Mendoza es un organismo diocesano que reúne, articula y acompaña a los diferentes grupos que realizan un apostolado con las personas en situación de vulnerabilidad social. Asiste a quienes viven en la calle, sufren violencia o padecen alguna vulnerabilidad de derechos y marginación. En 2017, por iniciativa del entonces obispo auxiliar mendocino, monseñor Dante Braida, comenzó el trabajo de esta pastoral.

Cristian Kiki García es uno de los coordinadores generales y, en diálogo con Iglesia Millennial, nos contó cómo trabaja este organismo y cómo se vio modificada la tarea desde que inició la cuarentena. El miércoles 15 de julio realizaron la campaña Tiende tu Mano para recolectar frazadas, alimentos no perecederos y elementos de higiene personal.

Una realidad compleja y diversa

“Hace más de 10 años hay grupos que trabajan con la gente de la calle de Mendoza. La Pastoral de Calle llegó para integrar este trabajo y acompañar a cada agente de pastoral. Buscamos cuidar al que cuida. Actualmente son 12 grupos los que la componen, con más de 100 voluntarios, relata Kiki, todos están alineados “en un mismo sentir respecto a la misión que tenemos como cristianos: asistir al hermano que ha sido descartado por la estructura económico-social”.

“Nuestra misión es asistir al hermano que ha sido descartado por la estructura económico-social

Un plato de comida, una ducha caliente, asesoramiento socio-legal, acceso a los sacramentos, pero principalmente, un oído es lo que brinda la pastoral. “La calle es una realidad compleja y diversa. Muchos de los que terminaron en la calle han transitado un proceso nefasto que es la pérdida de lazos. Entonces la misión no solo consiste en dar un plato de comida, sino en establecer lazos. Sabemos que el encuentro quizás no soluciona el problema de raíz, pero sí ayuda a empezar a subsanarlo, a crear un contacto, un encuentro, que hace que la persona tome conciencia de su dignidad, que no le ha sido arrebatada, y que es amada por Dios”, nos cuenta Kiki.

Otra de sus funciones, además, es crear puentes con los aparatos del Estado que están ausentes, en asistencia médica, económica y social. Tanto quienes viven en la calle como aquellos que tienen la posibilidad de pasar la noche en una pensión u hogar están en una situación marginal. Por eso, la Pastoral de Calle hace un trabajo personalizado “porque cada historia es un mundo aparte”. No podemos seguir mirando con los mismos ojos luego de haber visto a Jesús, se confiesa Kiki. “La fe nos impulsa a no hacer un mero asistencialismo, sino a hacer una ‘atención amante’, como nos enseñó el Papa en la Jornada Mundial de los Pobres: una atención que perdure en el tiempo, que genere lazos, que promueva”.

La Pastoral de Calle organiza dos actividades fuertes al año para acompañar la fe y la misión de cada voluntario. Un retiro espiritual, “para que la tarea no quede en una cuestión práctica y social, sino que se tiña de la caridad cristiana, que a veces es dura, pero superadora”, explica Kiki. Por otro lado, cada año se organiza un Foro Formativo Académico que aborda desde la Doctrina Social de la Iglesia diferentes realidades, con una temática que va variando.

“No podemos seguir mirando con los mismos ojos luego de haber visto a Jesús”

Asimismo, se realizan actividades culturales con la gente de la calle en donde los protagonistas son ellos. “Tratamos de darles todo lo que les ha sido quitado: las ganas de reír, de divertirse, el acceso a compartir, a la amistad, a disfrutar. Estas cosas nos igualan como hijos del mismo Dios”. En Pascua, hacen un viacrucis actuado en el templo de Nuestra Señora de la Merced; en la jornada del pobre, una peña callejera; la cena de navidad y el festejo de los cumpleaños: “El encuentro es lo fundamental y siempre le agregamos la parte espiritual sumando la misa”, menciona Kiki.

Otro proyecto de la Pastoral de Calle es el de alfabetización, que realizan en conjunto con la Universidad Nacional de Cuyo, con el fin de que cada persona concluya sus estudios. Y de este organismo también se desprende la Pastoral Guadalupe, que trabaja hace 15 años acompañando a mujeres en situación de prostitución y violencia. “Esta tarea nos encuentra como cristianos y nos hace dar cuenta de la misión que no espera, que es ya, que a veces te lastima, pero casi siempre te llena de alegría. El plato de comida puede ayudar a salvar un corazón herido y a encontrarlo con un Jesús que se acerca y te ama como sos”.

Frente a frente con el Jesús del Evangelio

De entre los cientos de voluntarios que colaboran en la pastoral, rescatamos algunos testimonios: “Ser voluntaria me cambió mucho. Ya no soy la misma persona que era desde esa noche que decidí ir a la plaza por primera vez, asegura Araceli, voluntaria del grupo de Schoenstatt Los Amigos de la Calle. Luego de dos años de servicio, la joven aprendió “a ver al otro como un verdadero hermano, porque somos iguales con nuestras virtudes y defectos, solo que las circunstancias de la vida nos llevaron por diferentes caminos”. Para ella, la gente de la plaza es su amiga, “personas que me conocen, saben mi nombre y se preocupan por mí, e incluso rezan por mí”, con los que cada nocheformamos un hogar, aunque no tenga techo ni paredes”.

“No soy la misma persona que era desde esa noche que decidí ir a la plaza por primera vez”

Julián, por su parte, —quien acaba de entrar al seminario— es voluntario del grupo Hijos de la Virgen, que sirve en la Plaza Independencia. Define su experiencia como un encuentro con el necesitado, con el pobre del que Jesús habla en el Evangelio”. Confiesa que le costó comenzar el apostolado porque “no tenía mucho que ofrecer”, pero luego comprendió que se trata de algo completamente diferente: “Con un oído y pocas palabras, ya estaba”. La importancia de una charla, escuchar su historia, dejar que se abran. “Aprendí muchas veces a rezar escuchando sus oraciones”, recuerda Julián, “una oración tan simple y sencilla, pero del fondo del corazón”.

“Con la excusa de un plato de comida, formé hermosas amistades”, nos cuenta Julián quien, además, considera que este apostolado lo formó como persona: “Me hizo ver cómo era mi estilo de vida y lo que vale verdaderamente. Sin pensarlo me acercó mucho a la Eucaristía y me hizo enamorar de Jesús”. El joven invita abiertamente a que otros participen: “Los animo a acercarse al pobre, al desolado, que no solo necesita algo material sino alguien que lo escuche, para dejar de sentirse excluido por la sociedad. Ese momento de charla quizás es el único momento de diálogo que esa persona puede compartir en la semana. Allí dejará sus sentimientos, anhelos, deseos, sus recuerdos. Entonces, vayamos en busca del pobre”, invitó Julián.

En el caso de Gustavo, voluntario de la pastoral San Alberto Hurtado, bajo la lectura del buen samaritano, anima a “detenernos a acompañar y ayudar” a los que están en las periferias. En su propia experiencia, “hace 10 años, Dios fue suscitando en mi corazón el amor hacia ellos para no verlos como un paisaje más cuando uno camino camina por la calle, sino reconocer que son hermanos sufrientes que necesitan de nuestro apoyo, calidez y oído”. El joven de 28 años los ve como “hermanos en Cristo que están ahí esperando que los acompañemos”.

“Cuando nos acercamos, salimos misionados en vez de misionar”, admite Gustavo, porque “desde la sencillez, la simpleza y lo poco que tienen, nos enseñan a valorar a Dios”. Como San Alberto Hurtado, “queremos llevar ese fuego y amor desbordante que hemos sentido con Jesús a los demás, que sepan que Dios está con ellos, les extiende la manos y los ama”, concluye el joven.

¿Qué es la calle?

“La calle es una casa enorme. Para mí es una escala que me tocó vivir”, expresa José, un hombre de 41 años que habita las calles mendocinas. Sin embargo, agradece de corazón el trabajo de la Pastoral de Calle: “Gracias a personas que no me conocen he logrado alquilar una habitación para vivir con mi hijo y también pude bautizarlo. Acá siento contención, amistad, calor de familia”. A José le preguntaron ‘¿qué es la calle?’ y no tardó mucho en responder: “Para mí es una experiencia de vida, donde si querés podés aprovechar para cambiar. Porque todas las cosas en la vida son obstáculos y enseñanzas. Dios nos manda a este mundo no para sufrir, sino para aprender”.

“La mejor opción para mí es Dios, la única que me brindó el salvavidas con una mano”

Alejandro vive hace 12 años en la calle. “Mucha gente que me pudo haber ayudado me dio la espalda, pero gracias a Dios hubo gente que sin conocerla me abrió puertas”, menciona. El hombre se lamenta por la gente que muere día a día en la calle, de frío, pero también producto de las drogas, el alcoholismo y enfermedades normales. “Antes veníamos nada más personas adultas que perdíamos trabajo u hogar, pero hoy son familias enteras las que viven acá”, continúa Alejandro. Y aunque pueden comer y bañarse, conseguir ropa y mercadería, “hay gente que no sabe cómo sobrevivir”.

El hombre opina que “hay que saber discernir”, y afirma con lágrimas en los ojos: La mejor opción para mí es Dios, la única que me brindó el salvavidas con una mano”. Pero después dice: “Muchos amigos murieron en la calle. Lloro por lo que se puede hacer y no se hace. El gobierno está más ocupado en ocultar nuestra realidad que en afrontarla”.

Darío, quien cena todas las noches a las plazas, se siente mal “por no tener la dignidad” de comer en su casa. Pero dice: “Ayuda mucho saber que al menos tenemos una comida segura al día. Logramos socializar con gente que nos escucha y nos ayuda. Esto nos calma emocionalmente y mejora las posibilidades de que el día de mañana podamos recuperarnos”.  Él encuentra a Dios reflejado en cada voluntario de la pastoral: “Mucha gente duda de la existencia de Dios, pero la pastoral siempre está para ayudar y esto hace recuperar la fe”.

  • La pastoral de la calle está integrada por los grupos: Upa, de la parroquia Santiago Apóstol y San Nicolás; Los Amigos de la Calle, del Movimiento de Schoenstatt; la Casa de Asistencia la Merced, de la parroquia Nuestra Señora de la Merced; Kerygma, de la parroquia Sagrada Familia; el Grupo Olla, de la parroquia San Miguel; el grupo de laicos Hijos de la Virgen; el grupo de la parroquia Nuestra Señora de la Consolata; Mesa Tendida, de la parroquia Santa Bernardita; la Pastoral Guadalupe; el Hogar Tarcisio Rubin, pastoral del migrante; la Pastoral Cura Brochero, parroquia San Pedro y San Pablo; y la pastoral San Alberto Hurtado, de la parroquia Nuestra Señora del Líbano.

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