Por nuestro suelo argentino han caminado muchas personas que con sus palabras, pero sobre todo con sus obras, dieron testimonio de Dios. Estamos prontos a celebrar la beatificación de uno de ellos, fray Mamerto Esquiú.  Este catamarqueño del siglo XIX en sus pasos dejó huellas profundas.

Conozcamos un poquito sobre él

Nació en Piedra Blanca, Catamarca, el 11 de mayo de 1826 y lo llamaron Mamerto de la Ascensión Esquiú. Fue el segundo de seis hermanos e hijo de “padres tiernos”, como él mismo los describía. Desde pequeño estuvo cercano a la fe cristiana. De hecho, su madre lo vistió con el hábito de San Francisco cuando él tenía cinco años, cumpliendo una promesa que hicieron por su salud ya que nació muy enfermo.

En 1841, entró al noviciado entre los Frailes Menores de la Provincia de la Asunción en Argentina. Fue un alumno brillante y, antes de los 17 años, ya había completado sus estudios. Luego, fue profesor de filosofía, teología, y se destacaba en latín. No pasaría mucho tiempo para que lo designaran director del colegio de San Francisco.

“Lo que más resalto de su vida es su que, siendo intelectualmente sobresaliente, con excelentes escritos, sermones y todo lo que hizo, manifestó siempre una gran humildad”, expresa Mario Daniel Vera, profesor de historia e historiador que acompaña la causa de fray Mamerto Esquiú desde hace un poco más de 23 años.

Por otro lado, también se destaca su gran compromiso con los más necesitados y pobres. Catamarca en el siglo XIX era una de las provincias más pobres, con mucho analfabetismo. En el contexto de la guerra civil de unitarios y federales, Esquiú va a trabajar para llevar el Evangelio y también mejores condiciones sanitarias, morales, educativas y materiales. Era humilde y con mucha sensibilidad social”, añade.

“Esquiú va a trabajar para llevar el Evangelio y también mejores condiciones sanitarias, morales, educativas y materiales. Era humilde y con mucha sensibilidad social”

En los tiempos de Esquiú, 8 de cada 10 habitantes del país eran analfabetos. Por entonces, los sacerdotes, al contar con estudios, participaban en casi todas las áreas. De hecho, fray Mamerto ejerció el periodismo, fue educador, participó en la política, fue consejero del gobierno por su sabiduría, profundidad, reflexión y moderación.

Con generosidad, se brindó en distintos ámbitos. En uno de ellos se ganó el título de “orador de la Constitución“: “En 1853 recién se podrá sancionar la constitución nacional, entonces, el presidente Justo José de Urquiza envió una circular a las 14 provincias que había, para que el 9 de julio a las 9 de la mañana se jurara fidelidad a la Constitución. El gobernador de Catamarca, Pedro José Segura, recibe esa orden y le encarga el discurso al fraile, el cual fue maravilloso: recuerda las décadas pasadas de males,  luego anima a respetar la ley y termina diciendo que para construir la patria que anhelaban había que lograr la paz y la unidad de todos los argentinos. Esos sermones se tenían que enviar a Paraná, que era la capital de la Confederación Argentina. La tarea del vicepresidente Salvador María del Carril era leer y analizar esos discursos. Cuando llega el discurso de Catamarca, queda maravillado, lo imprime con una biografía de Esquiú y lo distribuye en todo el país. Por eso se le dice el orador de la constitución”.

PERLITAS DE ESQUIÚ

  • Como nosotros, fray Mamerto vivió una pandemia: se trata de la fiebre amarilla. En una ocasión viajó a Europa porque tenía el deseo de conocer Roma, Asís y, luego, Tierra Santa. El barco donde se trasladaba pasó por Río de Janeiro que estaba en una situación difícil por la fiebre amarilla. Entonces, al llegar a Europa, mandaron a la embarcación a una isla por 20 días a hacer cuarentena, hasta que recibieron la autorización de desembarcar en destino.
  • Esquiú fue obispo de Córdoba de 1880 a 1883, cuando el Santo Cura Brochero era sacerdote de Traslasierra. Es decir, ambos se conocieron y tuvieron ocasión de compartir algunos momentos.
  • Era muy devoto de la Virgen del Valle y, sobre todo, a la hora de viajar pasaba a tomar gracia y le imploraba su protección. Cuando en 1854 se estableció el dogma de la Inmaculada Concepción, se alegró muchísimo y realizó charlas sobre este.
  • Le encantaba escribir, de hecho, desde 1862 a 1883 llevaba un diario personal que posibilitó que conozcamos mucho sobre él, su familia, sus afectos y hasta lo que él mismo llamó su “carácter vehemente”. También comenta que trabajaba hasta altas horas de la noche, y al otro día andaba con dolor de cabeza por el olor de las velas. Era un estudiante de Santo Tomás, San Agustín, entre otros.

El milagro que posibilita su beatificación

Mario Vera desde pequeño escuchó hablar sobre el fraile, ya que su casa se ubica a apenas unos kilómetros de donde vivió Esquiú. Al ir creciendo se involucró en distintas actividades durante muchos años. Con el proceso de beatificación, el obispo de Catamarca creó una comisión diocesana integrada por laicos y sacerdotes para organizar lo referente a la ceremonia en sus distintas áreas y en la cual el historiador fue invitado a participar.

Además, estuvo cargo del archivo del obispado de Catamarca durante cuatros años y medio, tiempo en el que pudo seguir conociendo sobre el fraile por las cartas y escritos que se encuentran allí.

Pero sin duda, uno de sus regalos más grandes es haber recibido la autorización para contar el proceso del milagro que hace posible que este fraile pueda ser beatificado el próximo sábado 4 de septiembre y haber colaborado con la causa junto al actual vice postulador, fray Marcelo Mendez: Es una experiencia emocionante ya que además de ser biógrafo, soy devoto de Esquiú. Estoy convencido de su importancia como sacerdote, pero también como ciudadano y en las distintas áreas donde se involucró. En todos lados dejó grandes enseñanzas. Es un verdadero ejemplo”.

Este milagro fue a una bebé nacida en Tucumán en 2016 que presentó dificultades desde el parto. A los días fue diagnosticada con artritis séptica en la cadera izquierda y osteomielitis en el fémur izquierdo. Luego de intentos en el tratamiento, la familia fue informada de la gravedad y de la propuesta de una  intervención drástica de hemidiafisectomía.

La madre decidió pasar por la pierna de su hija la estampita con las reliquias de fray Mamerto Esquiú, pidiendo con fe que él intercediera por su curación. Luego, también se sumarían los familiares a esta súplica. Doce días después, los estudios mostraron la desaparición de la enfermedad en el hueso. Los días siguientes, continuó la mejoría de los síntomas y los exámenes de laboratorio. Hasta el día de hoy, persiste la curación y los médicos afirman no haber visto nunca una evolución así de un cuadro como este.

“Estoy convencido de su importancia como sacerdote, pero también como ciudadano y en las distintas áreas donde se involucró”

Este milagro siguió el proceso de cuatro etapas para ser aprobado, entre ellos, el Vaticano realizó una consulta con una junta médica que no pudo dar una explicación científica al caso. Así, el papa Francisco emitió el decreto de beatificación el año pasado.

¿cómo será la Ceremonia?

La ceremonia iba a realizarse en marzo, pero por la pandemia del COVID-19, se pospuso para este sábado 4 de septiembre. Será presidida por el cardenal Luis Villalba. El vice postulador de la causa leerá el decreto y está previsto que estén presentes las reliquias de fray Mamerto, que consisten en parte del cuerpo. También asistirá la niña tucumana del milagro, que en noviembre cumplirá 6 años.

La causa de Esquiú se inició en 1921 y este fin de semana se logrará con alegría su beatificación. Por el contexto sanitario, podrán participar 1300 personas, que previamente se inscribieron, pero podrá seguirse de forma virtual por distintos medios.

La fiesta iniciará el viernes 3 por la tarde y culminará el domingo 5 a la mañana. Las actividades centrales de la ceremonia de beatificación se transmitirán el sábado desde las 8 de la mañana.

La alegría también en buenos aires

Esta fiesta no se vive solo en Catamarca. Todo el país se alegra por tener un nuevo beato argentino y, en particular, el barrio de Colegiales de la Ciudad de Buenos Aires lo celebra en el colegio Esquiú.

Maria Eugenia Knox es exalumna, catequista y preceptora del colegio y, además, nieta de quien fue uno de los fundadores de la institución. Desde pequeña, el nombre del fraile estuvo presente en su vida y siente que este tiempo “es vivir la fiesta como de alguien de nuestra familia. Es significativo porque la persona que conoces será beato, con la posibilidad de hacerlo más conocido”, expresa.

Destaca que uno de los valores del colegio es la unidad, imitando a su patrono quien “luchó mucho por la unidad de nuestro país”. Cada año, los 11 de mayo, en el día del natalicio del fraile, realizaban actividades. Este año se pospusieron realizarlas para este mes, coincidiendo la beatificación con el retorno a la presencialidad a las aulas. “Durante septiembre, como se solía hacer en mayo, se trabajará  mucho con la vida del fraile, a través de juegos contar quién era, su rol como orador de la Constitución Nacional, y diferentes aristas de su vida. Distintos niveles trabajan diferentes características, pensadas pedagógicamente”.

En cuanto a la ceremonia, está pensando poner una pantalla gigante en el colegio para vivirla en comunidad. La previa de este evento incluyó actividades en la que los más pequeños realizaron dibujos, pintaron a la Virgen del Valle y juntos realizaron carteleras. Este año los alumnos de la secundaria, que ya conocen al fraile, tuvieron la iniciativa de proponer juegos y dinámicas para motivar y conocer más sobre su vida.

“Es fácil ver su corazón, por lo que vivía en sus días, por cómo actuaba en su vida”

“Siempre falta seguir conociéndolo, a mí me llama mucho la atención una virtud muy linda de él, que es que estudió mucho, fue muy instruido y, sin embargo —fiel a su orden franciscana— fue coherente a su humildad y pobreza”.

Para Eugenia, fray Mamerto se anticipaba a lo que pasaba en el mundo, buscaba andar en la verdad y, por ello, “es fácil ver su corazón, por lo que vivía en sus días, por cómo actuaba en su vida. Como cristianos y como país nos hacen bien estos testimonios, encontrar figuras que hacen tanto y dejan algo tan lindo el gente”.

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El testimonio de fray Mamerto es ejemplo que inspira en el seguimiento de Jesús. No te pierdas de vivir la gran alegría de su beatificación.

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