“A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota”, enunciaba Santa Teresa de Calcuta. Inspirada en esta frase, e impulsada por el ardiente deseo de evangelizar, Jimena Muñoz lleva 20 años dedicando su música a Dios.

Oriunda de San Luis, radicada actualmente en la ciudad de La Rioja, nos cuenta en esta entrevista sobre su misión y su caminar con Jesús. Cantautora, guitarrista, predicadora, docente, catequista, animadora y un sinfín de sustantivos acompañan la trayectoria de esta artista católica que hoy queremos dar a conocer.

Encontrar a Dios en lo cotidiano

“Me encontré con Jesús por medio de la música, por medio del canto de una señora de mi comunidad”, Jime recuerda ese momento fundante en su vida como servidora como un momento lleno de certezas. Se sintió atraída por el canto, se emocionó y de a poco fue dejando lugar a la presencia de Jesús amigo; de a poquito, se sintió atraída por las cosas del Señor. En ese momento pudo experimentar que Dios no se deja ganar en generosidad y que tenía que dar gratis lo que había recibido gratis.

Ese primer encuentro me generó la necesidad de querer aprender a tocar la guitarra y poder transmitir a otros (como una cadena), poder enseñar y motivar a que otros se animen. Pensar en un nuevo eslabón que le dé resistencia y permanencia a la experiencia del encuentro con Dios en la música es lo que la motiva también a ser ella quien hoy guíe y acompañe en diferentes comunidades a nuevos artistas. Es por eso que resalta: “Elijo siempre ir por el camino de la compartida simple con el otro y proponer ser puente en el encuentro de Dios con los hermanos“.

Ponerse en sus manos

El arte es la expresión del alma de la humanidad, y la espiritualidad se expresa y se plenifica, en la medida que encuentra un canal por el cual una pueda transmitir a otros qué significa el encuentro con Jesús.

Jime fue haciendo un discernimiento en cuanto al servicio y en el camino se fue aclarando en torno a una vocación, a servir a Jesús desde un camino concreto de consagración. Estuvo en la formación de las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús durante 8 hermosos años, donde siguió profundizando y ofreciendo el servicio a través de la música, con la certeza de saber que quería hacerlo para toda la vida, más allá del lugar en donde estuviera. En ese mismo camino, el Señor actualizó su llamado para continuar como laica y dedicarse plenamente a su proyecto. “Siempre pensé que si ya no pudiera tocar la guitarra, seguiría cantando o aprendería otros instrumentos”.

El arte y la espiritualidad

El arte es la expresión del alma de la humanidad, y la espiritualidad se expresa y se plenifica, en la medida que encuentra un canal por el cual una pueda transmitir a otros qué significa el encuentro con Jesús, que no es algo intimista, sino que es una invitación y eso forma a la comunidad”, afirma con mucha convicción, es por eso que ella considera que en las comunidades debemos implementar más el diálogo y también debemos abrirnos y no quedarnos con una sola manera de vivir la espiritualidad. “El arte es el medio que integra todas las dimensiones humanas; no solamente la intelectual, también lo espiritual. Hay una forma de expresar la espiritualidad en la Iglesia, que está instalada, pero que pide renovación, y coincidimos en que el camino está por ahí, sobre todo para los jóvenes que buscan esa propuesta novedosa, creativa”.

Evangelizar sin fronteras

Hoy la llegada de la evangelización no tiene límites gracias a las redes sociales y a los medios de comunicación. Sin embargo, lo que a la cantautora la motiva es la vuelta que hay detrás de todo eso, lo que la gente le escribe (desde agradecimientos hasta pedidos de oración), y en cada oportunidad ella se inspira para poder hacer oración ese gesto de quienes acompañan sus presentaciones o intervenciones, tomando cada mensaje para hacerlos oración.

Durante este tiempo de pandemia, se dedicó a hacer rosarios y oraciones cantadas, que ya son un clásico dentro de sus propuestas. “La gente ha aprovechado los cantos en la pandemia para fortalecerse, para encontrarse con Dios, o solo para recordar las canciones que se hacían en sus comunidades cuando eran jóvenes“, nos cuenta al respecto. Y gracias a invitaciones que recibe de otros países, hoy se suma a sus oraciones cantadas virtuales, gente de toda Latinoamérica.

Tuvo algunas celebraciones de otros países, en la próxima semana, por ejemplo, estará participando de la festividad de San Miguel Arcángel en un pueblo de México y también acompaña con su servicio a la Comunidad GNRC de Latinoamérica, que es de los católicos LGBT. Esta es una comunidad que está presente en todos los países latinoamericanos. “Participé en las vigilias de Pentecostés y de Adviento, se conectan de todos los países y tienen sede en Miami, la mayoría de las celebraciones son en Inglés, y hace poco con las mujeres del movimiento para el mes del Corazón de Jesús, hicimos la oración en torno al Corazón de María en español y en portugués“, nos cuenta y agrega que es un servicio que disfruta mucho.

Confianza, paz y calidez

“Ponerme entre tus manos” tiene un color durazno que representa la interioridad, inspirado en la espiritualidad de Taizé, y lo vinculé con tres emociones: confianza, paz y calidez.

“Con Nelson Ramírez, amigo y músico, estamos produciendo cantos que me surgieron en momentos de retiro espiritual de hace años”. Hace poco pudo sacar el primer canto que lleva por nombre “Ponerme entre tus manos”, la idea es poder compartir lo que en su momento fue una oración que a ella le hizo bien, pensando en que hay otros que también pueden sentirse identificados. Al consultarle sobre el proceso, nos relata lo siguiente: “A cada canción le asigné un color: ‘Ponerme entre tus manos’ tiene un color durazno que representa la interioridad, inspirado en la espiritualidad de Taizé, y lo vinculé con tres emociones: confianza, paz y calidez“. La idea es que sea un recurso para las comunidades. Aún, nos dice, queda pendiente armar la catequesis del canto. Está en sus planes terminar antes de fin de año con la presentación de todas las canciones y sus respectivos videos.

Con la mirada en el cielo y los pies en el camino

En medio de todo ese proceso, nos cuenta que vivió un momento muy especial en torno a la Beatificación de Fray Mamerto Esquiú en Catamarca, ya que junto a Nelson son los autores del Himno Oficial del evento: “Con la mirada en el cielo y los pies en el camino”. “El proceso de elaboración fue muy lindo, fuimos buscando ideas, melodías; trabajamos muy bien, nos gustó lo que salió, participamos del concurso y quedó seleccionada. Fue una alegría poder asistir a la Beatificación y emocionante escuchar el canto en boca de toda la gente, de los peregrinos, y ni hablar de la repercusión que tuvo en las redes sociales, una movida impresionante“. Y como ella nos relataba al comienzo de la entrevista, generosamente Dios les regaló una sorpresa más: “Me llegó un video del Papa Francisco escuchando el himno y la noticia de que va a quedar en el cancionero nacional. Por eso, me encantaría que lo que estoy produciendo también sean canciones que marquen ese encuentro con Jesús”.

Sin duda, hay una respuesta en Jime al llamado de Dios, lo que ella vive como misión y proyecto de vida es el sueño de muchos que sienten y creen en el arte católico. A ellos les deja este mensaje: “Lo primero es poder percibir la presencia de Dios en el día a día, porque eso es lo que te va encendiendo el corazón, como a los discípulos de Emaús. Y luego aprender de la espiritualidad ignaciana que nos invita a ser ‘contemplativos en acción’, ser contemplativos en mirar más allá de las cosas que acontecen y conectar con lo espiritual”. Asegura que ahí está la clave para perder el miedo y sentir el impulso, eso va a encender el corazón y a dar la creatividad para llegar con el arte. Por otro lado, “algo que a mí me ayudó mucho fue la frase de la Madre Teresa de Calcuta que hace referencia a que lo que yo hago no es más que una gota en el océano, pero que no sería lo mismo si esa gota faltara. A veces parece que es poquito, que no hacemos mucho; por eso, el lugar que cada uno ocupa en la comunidades es importante, por eso hay que valorarlo, agradecerlo y hacernos cargo de las bendiciones que hemos recibido.

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