San Nicolás de La Rioja, Tatita San Nicolás, el de la cara morena y el corazón como el pan, el Santo moreno, intercesor del pueblo riojano, y así un sinfín de maneras para nombrar al patrono de la provincia de La Rioja. Conocido en el mundo como San Nicolás de Bari, y a quien humildemente este grupo de servidores que hoy entrevistamos, acompañan y custodian desde hace 26 años.

Son conocidos como los “Servidores de San Nicolás”, y en cada celebración es fácil reconocerlos, basta con dirigir la mirada a la imagen del patrono, para identificarlos. Siempre de morado, como una extensión de él, en sintonía y a tono con el momento y dispuestos a acompañar el peregrinar. 

Compromiso de fe

El grupo comenzó en 1995, tras la llegada de la réplica de la Virgen del Valle de Catamarca a la ciudad de La Rioja. Debido a la gran convocatoria de feligreses, surge como necesidad una nueva organización, donde al comienzo eran alrededor de 500 personas, de diferentes edades; y quien tomó la iniciativa para movilizar e impulsar el accionar del grupo fue el padre Tono (sacerdote diocesano).

En los primeros años, el grupo no tenía mucha visibilidad, ya que solo se reunía para las fiestas de invierno y de verano; pero con el correr del tiempo, de los mismos integrantes surgió naturalmente la iniciativa de participar de la vida diocesana, y comenzaron a formar comunidad de manera permanente, con un asesor espiritual, y una estructura organizativa con un coordinador general y ayudantes para mantenerse en camino durante todo el año. 

«Actualmente el grupo son cerca de 10 chicos que son los que asisten todos los domingos cuando tenemos nuestras reuniones, para las fiestas siempre se suman más, que por razones de trabajo o personales no nos pueden acompañar durante el año», nos cuenta Nelcy, una fiel colaboradora.

Los servidores, son encargados de gran parte de la logística, ya que a las fiestas patronales acuden miles de fieles devotos. Están siempre rodeando la imagen y distribuidos por la plaza principal y otros lugares estratégicos para brindar lo necesario para el pueblo que con fe va a depositar sus peticiones. Trabajan en conjunto con otras áreas, tanto eclesiales como gubernamentales, para que todo se de en óptimas condiciones, y en este tiempo de pandemia sobre todo, para cumplir con los protocolos establecidos.

Tinkunaco y el año nuevo

El nombre Tinkunaco, que en la lengua quechua significa “encuentro”, es la manifestación de fe más representativa del pueblo riojano. El Tinkunaco encuentra su razón de ser en el enfrentamiento ocurrido en 1593 entre los nativos y el renovado poder español que los oprimía. 

Cada 31 de diciembre a las 12 del mediodía, una procesión sale de la Catedral con la imagen de San Nicolás, en representación de los españoles; y otra sale de San Francisco llevando la imagen del Niño Dios Alcalde, en representación de los diaguitas. Dos procesiones, saliendo de lugares distintos, pero  dirigiéndose hacia un mismo lugar: la Casa de Gobierno. Allí se van a encontrar, donde los espera el gobernador y demás autoridades civiles junto a miles de promesantes, fieles, vecinos y espectadores. 

Cuando las dos procesiones se encuentran, todos, incluido el Santo, se arrodillan ante el Niño Jesús Alcalde, de esa manera bajo el sol riojano, se reconoce a Jesús como la única autoridad, el único rey. Entonces, el Intendente entrega al Niño Jesús, la llave de la ciudad en reconocimiento de su autoridad superior, para que luego, el 3 de enero, en la ceremonia que despide a las imágenes dando por concluida las fiestas, el Niño devuelva el gesto al Intendente entregándole una Biblia con el acompañamiento del rezo del pueblo: «Según esta ley queremos ser gobernados».

El ritual es el mismo año a año, pero el pueblo y la realidad se renueva, es por eso que ningún Tinkunaco se vive de la misma manera, sino que se actualiza, se encarna en el pueblo, y en las necesidades que se elevan al cielo.

Ningún Tinkunaco se vive de la misma manera, sino que se actualiza, se encarna en el pueblo, y en las necesidades que se elevan al cielo.

Mons. Angelelli decía que en cada Tinkunaco manifestamos lo que hemos vivido como pueblo y lo que aún nos falta. También es una manera que tiene el pueblo de presentarse ante las autoridades y decirles: aquí estamos, esto es lo que queremos, esto es lo que somos, venimos a decirles que el pueblo quiere ser gobernado bajo los preceptos de solidaridad y amor que pregona el Evangelio. 

“Para mí el Tinkunaco es algo muy especial yo lo primero que hago cuando veo a San Nicolás salir de su casa que es la catedral, es darle las gracias por lo que me da durante el año, y agradezco también por el año que inicia», expresa Nelcy con mucha emoción.

Para este momento, los servidores se preparan espiritualmente, y desde hace diez años realizan el “Tinkujoven” un momento destinado a abrir el corazón para la gran fiesta del año nuevo. Emanuel, nos cuenta al respecto: “El propósito es puntualmente llamar a todos los jóvenes que les cuesta encontrar y buscar la verdadera respuesta que está en la palabra de Dios, los invitamos para vivir un encuentro inexplicable, para que cada año sea de una forma totalmente distinta”.  En esta última edición se  motivó a los jóvenes a convertirse en una Iglesia en salida, a abrir las puertas, y a comprometerse como laicos para llegar al encuentro, con una mirada renovada.

Visitas misioneras

“La imagen de San Nicolás, después de muchos años, volvió a peregrinar por toda la provincia” nos cuentan los colaboradores, y la participación de los servidores es clave, ya que son los encargados de acompañar las visitas, para asegurar que todas las personas que asisten, tengan su momento de intimidad con Tatita San Nicolás.

“No es solamente lo que se escucha, sino lo que ves en la gente, lo que San Nicolás les transmite, es conmovedor”, relata Emanuel. Poder llegar a todos los pueblos, a cada rinconcito, donde hay abuelitos que siempre lo veneran y que jamás pudieron llegar a la Capital para tomar gracia de su santo, no tiene precio. Y esa emoción con la que relatan anécdotas de las visitas, refleja el espíritu de los servidores.  

En eso se funda el accionar del grupo, en llevar a la práctica las virtudes del Santo Patrono, como la solidaridad, la generosidad, el desapego material y la empatía. “En varias oportunidades, vimos gente en sillas de ruedas que se quedan desde la puerta viéndolo pasar en una camioneta, y con solo mirarnos con los integrantes del grupo que están ahí, nos acercamos a esa persona a preguntarle si lo quiere tocar, y es así, entre todos ayudamos a que esa silla se levante y lo pueda tocar, son cosas que te llenan el alma”, expresa Nelcy.

Invitación y legado

A nivel personal, los chicos manifiestan una gran admiración por San Nicolás, ambos coinciden que en el servicio, descubrieron en ellos nuevas virtudes que hasta el momento no sabían que tenían. Se puede ver en ellos que al hablar acerca del apostolado que realizan, sienten un gran sentido de pertenencia con el grupo de servidores, a quienes reconocen como familia, en búsqueda siempre de la voluntad de Dios, y del bien común.

“Nuestra fiesta patronal es algo único, si vienen se van a encontrar con mucho calor porque es al mediodía, y es clave que al momento que salen los Santos el cielo se abre y el sol está en su máximo esplendor,  pero es algo que esperamos todo el año” cuenta Nelcy como invitación a quiénes aún no conocen la fiesta del 31 de diciembre.

“La invitación es a vivir por un encuentro con Dios, con uno mismo y con los hermanos«, dice Ema para cerrar su testimonio.

  • Se puede seguir la celebración este 31 de diciembre a las 12 del mediodía por la página de Diócesis de La Rioja, o por el canal local Canal 9.

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