Formalmente, Comunidad Pastoral Monseñor Enrique Angelelli; para referirnos a ella, «Casa Angelelli», «escuela», «patio de encuentro» o, simplemente, «hogar». Todas estas definiciones le caben a esta comunidad de la Iglesia Diocesana de La Rioja, acompañada por los salesianos de Don Bosco que con la denominación de Casa Angelelli buscan reunir todas las experiencias que conforman o que se desarrollan en los diferentes espacios, a lo largo y a lo ancho de siete barrios de la zona norte de la ciudad, en donde actualmente residen.

Pude conversar con un grupo de jóvenes que forman parte de la vida de la comunidad, quienes entre risas y mates, me dieron la bienvenida y me contaron algo sobre lo que más les apasiona de su servicio. Para empezar a entender la dinámica, es importante conocer el sentido y saber que la tarea que se lleva a cabo está orientada a tres grandes bloques. En primer lugar, a las comunidades eclesiales donde se acompaña la vida sacramental de las comunidades y el crecimiento de las mismas.

Por otro, a la capacitación laboral y la terminalidad educativa, que busca orientarse a la formación en oficios para que las personas en general, principalmente los jóvenes, aprendan algún oficio que les permita acceder al mundo del trabajo o emprender de manera personal. Por último y no menos importante, el programa de oratorios, que abarca todas las actividades que están orientadas a niños, niñas, adolescentes y jóvenes, e incluye talleres socio-educativos como el de circo y el de folclore, que si bien no tienen salida laboral, apuntan a desarrollar alguna habilidad desde el arte, es decir, desde lo educativo no formal.

Estos son el Oratorio Caras Sucias, Oratorio Patio de Encuentro, Oratorio Pancitas llenas y el Oratorio de Jóvenes, que es el proyecto más nuevo. Este último es un espacio que busca acompañar y dar contención a jóvenes mayores de dieciocho años, particularmente a los que hayan o estén atravesando alguna situación en torno al consumo problemático de sustancias.

Acompañar la vida

Al conversar con Gabi (religioso salesiano), nos contó más en profundidad lo que viven diariamente: «Muchas veces, la problemática con la que nos encontramos es compleja y por eso necesitamos unirnos entre varios para responder a esa demanda. Nos organizamos en equipos; hay equipos para todo, de animadores para los espacios, y luego hay un equipo coordinador que tiene referentes de los diversos sectores, un equipo que va mirando lo macro de la vida pastoral«.

Al caminar los barrios, observaron algunos factores comunes en la gente. El problema de la falta de alfabetización a corta edad despertó una inquietud que los llevó a pensar en espacios donde la terminalidad educativa sea una realidad y pueda estar cerca de quienes lo necesiten. Por otro lado, un alto índice de desempleo, por lo que los talleres de formación laboral buscan brindar herramientas a aquellas personas que no están insertas aún en el ámbito del trabajo formal.

«Percibíamos en los barrios mucha gente que abandonaba la escuela a temprana edad y, cuando tienen que salir al mundo laboral, les cuesta mucho encontrar un lugar. De ahí viene la posibilidad de capacitarse en oficios, para que indistintamente de haber terminado o no el secundario, puedan adquirir herramientas para ganarse la vida», nos cuenta Gabi. Y sin dudas, la mirada especialmente puesta en las juventudes, en aquellos que por cuestiones de consumo perdieron la fe, la esperanza, el hogar, pensar en un espacio para que puedan acercarse a algo que simplemente les haga bien.

María es la Trabajadora Social que acompaña a Casa Angelelli, es la que conoce cada detalle del trabajo territorial que se lleva a cabo y la responsable de gran parte del entramado de esta red que formaron. Ella nos cuenta que «en este último período, trabajamos con el Ministerio de Educación, con la universidad (UNLAR) con la cual se firmó un convenio para que las actividades y capacitaciones de oficio también tengan un aval. También son parte de la red Sedronar, que realiza su aporte en actividades que hacemos con el oratorio de jóvenes, además trabajamos con el Ministerio de Salud, Centros Vecinales, con la Secretaría de Cultura y área de Salud Mental«.

Con estos espacios buscan tener instancias de acompañamiento a la persona desde la niñez hasta que sale del secundario y se inserta en el mundo laboral. Pero también «para la gente o los jóvenes que ya tienen un trabajo o que ya están escolarizados, queremos brindarles un espacio, una casa, un hogar con todo lo que eso significa, deseamos que tengan un lugar abierto, que sepan que siempre pase lo que pase los vamos a recibir, sin importar la clase social, el problema que tengan. La idea es brindar amor y contención a los chicos que están más desfavorecidos, ya sea en el aspecto educativo o en el aspecto personal, en el caso de las personas con consumo problemático de sustancias«, afirma Rocío con mucha emoción.

Angelelli presente

Para el pueblo riojano, el beato Monseñor Angelelli es sinónimo de amor por la Iglesia y por los pobres, es quien llevó el estandarte de la justicia y la igualdad hasta el último rincón de la provincia, y, fiel a su vocación hasta el extremo, su vida entregada sigue iluminando el camino de la fe de muchos.

Al preguntar sobre el eco de ese legado que representan como comunidad que lleva su nombre, Flor lo define muy bien: «Somos parte de la Iglesia que va en salida, que va al encuentro, que no se queda a esperar, somos Iglesia con acción, con el compromiso social que eso implica, no solo en las patronales, somos Iglesia en lo que va viviendo cada joven, en nuestras propias vidas también. Cuestionamos constantemente cómo vivimos nuestra fe, para ser los más honestos y reales posibles para abrazar la vida como viene«.

«Cuestionamos constantemente cómo vivimos nuestra fe, para ser los más honestos y reales posibles y para abrazar la vida como viene«.

En esa misma línea pastoral que tenía Monseñor, buscan vivir la horizontalidad para no estar ni delante ni detrás, sino a la par de la gente. «Intentamos vivir todo esto sacando categorías de jerarquías, hacemos nuestro mejor esfuerzo para eso. Y ahí descubrimos que, por ejemplo, en la vida de fe o en la experiencia de encuentro con Dios que van teniendo los chicos, van surgiendo un montón de otras cosas que a primera mirada, algunos podrían decir que no es espiritualidad, no es religión, no es fe, pero creemos que sí», dice al respecto Gabi.

En la cotidianidad de lo que van compartiendo con las personas, se va tejiendo la presencia de Dios y en ese sentido ellos brindan mucha libertad a los procesos de las personas, creen y respetan el tiempo del otro, «en ningún momento, y aquí recupero algo de Angelelli, —dice con mucha énfasis Gabi— no imponemos nada, sino intentamos generar el espacio, el ambiente y que la misma experiencia que van viviendo les vaya develando algunas cosas. Y ahí cuando la persona pregunta, busca o hace explícito algún interés, se lo acompaña en eso, en lo que la persona quiere», como en el caso de Ernesto, un joven que se acercó a la comunidad y quien hoy nos relata su llegada a Casa Angelelli: «Yo antes iba a la iglesia y no me gustaba, pero llegué acá y me quedé pegado. La libertad que me dieron fue lo que más me llamó… Esta es mi segunda casa, venir acá es sentirme vivo de nuevo«. Él no sólo permanece actualmente, sino que en esa libertad respetada que experimenta, con el tiempo pidió hacer la comunión y la confirmación de manera voluntaria.

Rocío para el alma

Sin duda uno de los momentos que más tocaron mi corazón en la entrevista fue el de escuchar el testimonio de una joven. Su nombre es Rocío. Escucharla hablar me transmitió mucha alegría y en el diálogo con ella, no me quedan dudas de que tiene una energía poderosa y contagiosa.

En su relato cargado de mucha pasión, comparte parte de su historia de recuperación y de cómo actualmente acompaña a otros jóvenes a salir del consumo problemático de sustancias: «Este espacio me devuelve todo. La vida, desde mi experiencia personal, como persona, como mujer, estaba muy perdida por el consumo, por el estilo de vida que lleva ese tipo de malas decisiones y cuando me pude recuperar, ponerme en pie, pararme y volver a mi provincia, llegué acá y me devolvieron la esperanza».

La soledad que vino detrás de la recuperación la llevó sin duda al lugar que, sin saberlo, la estaba esperando para ayudar a seguir sanando el alma. «No sabía qué hacer, las amistades que tenía seguían en la misma situación, me sentí muy sola y necesitaba un lugar adonde ir, donde poder ayudar y devolver un poco la vida que me devolvieron a mí dándome recuperación, sentía esa necesidad que nace de la fe, que mueve el corazón, la de poder ayudar a los demás y transmitir un mensaje de fe y de esperanza de que se puede, ahora puedo sentir que no solo acompaño, sino que también me acompañan».

Un gesto de amor, una palabra de aliento, una mirada, un abrazo o simplemente la presencia en la vida de alguien, pueden provocar un giro inesperado en esa historia. Recuperar la fe perdida, hacer arder el corazón por la vida es lo que este lugar le regaló a ella: «Venir acá me enseñó a convivir con Jesús, con María, con Don Bosco, con Angelelli, que son quienes me guían y me acompañan, y lo hice a través de los chicos que me recibieron con un amor sincero, sin juzgarme ni criticarme, sin importar qué daño me hice o hice a los demás, que es lo que siempre nos atormenta a las personas que nos estamos recuperando en adicciones. En ese amor cálido es donde yo siento que Dios se manifiesta».

Hay espacios donde el centro es solo lo sacramental, pero acá no. Si en el proceso —como le pasó a Ernesto o a Rocío— surge el deseo de manera voluntaria, se los acompaña, y en esto Gabi tiene la posta: «Los sacramentos son signos sensibles y eficaces de la acción de Dios en la vida de las personas y hay siete que son los oficiales y por supuesto con los que comulgamos, porque son momentos especiales de la vida de fe. Sin embargo, creemos que también en esto de los encuentros cotidianos se van dando otros sacramentos, donde la persona efectivamente puede sentir que Dios la recibe, que Dios la abraza a través de diferentes herramientas que se van poniendo a disposición, ahí hay acción salvífica de Dios también».

«La vida comunitaria es sacramental, jugar con los pibes, tener espacios de recreación donde puedan tener una diversión sana, auténtica, donde está puesto de cada uno lo que mejor tiene al servicio para que se cree eso, es sagrado».

Que una persona que va al taller de cocina sea bien recibida, identificada por su nombre y apellido, acompañada, que se le pregunte cómo está, qué necesita y que a su vez eso haga que se sienta parte, reconocida y valorada como ser humano es también un sacramento. «La vida comunitaria es sacramental, jugar con los pibes, tener espacios de recreación donde puedan tener una diversión sana, auténtica, donde está puesto de cada uno lo que mejor tiene al servicio para que se cree eso, es sagrado».

Seguir andando nomás

La vida y los sueños avanzan, el Oratorio de Jóvenes ya está sucediendo. Los voluntarios trabajan diariamente para dejarlo en condiciones y comenzar con el trabajo. «Este año lo vamos a empezar a abrir tres veces por semana, con la idea de incorporar y de llegar a los pibes que se encuentran en mayores situaciones problemáticas. Como meta a mediano plazo, buscamos transformar esto en un espacio donde ellos vengan y se sientan cómodos, como en casa», nos cuentan al respecto.

Asumir ese desafío de acompañamiento implica empezar a hacer un trabajo territorial en el barrio, pero para ello también tienen el apoyo de un equipo de profesionales que también estarán para brindar lo necesario.

Otra meta es seguir desarrollando el programa de formación laboral y terminalidad educativa que cada vez toma más forma, pero sin duda la meta más importante es la que Rocío resalta: «A los pequeños avances que vemos en el acompañamiento con los chicos, los sentimos como el cumplimiento de una gran meta, que a veces se sostiene en el tiempo y otras veces no. Hay chicos que avanzan y luego retroceden en su proceso personal, pero creo que la meta más grande y fija que tenemos es verlos bien«, y de eso se trata el amor ¿no?, de saber que las pequeñas victorias del otro, merecen ser celebradas; que ver algún tipo de mejora de cualquier tipo o aspecto y no tan solo en su problemática, sino también en la escuela, en los vínculos familiares, en su reinserción laboral y en todo lo que tenga que ver con el bienestar de cada personas, nos vuelve más empáticos y nos hace valorar lo real y verdadero.

La esperanza que no defrauda

El espíritu que sostiene a Casa Angelelli es “la confianza en que los jóvenes pueden, hay mucha fe puesta en ellos, la confianza en que nadie se salva solo y por eso apostamos fuerte al trabajo comunitario y territorial en los barrios, y, por último, la confianza de que Dios siempre nos brinda oportunidades para salir adelante y para ser feliz», es ahí, en esas tres cosas, donde Gabi convencido nos dice que está el sentido para la propia vida.

“La confianza en que los jóvenes pueden; en que nadie se salva solo; y en que Dios siempre nos brinda oportunidades para salir adelante y para ser felices».

Crear espacios en los barrios donde se pueda acompañar la vida de las personas, especialmente de niños, niñas, adolescentes y jóvenes pero también integrando a las familias. Acompañar la vida como viene, la vida como se da en los barrios, en las comunidades que acompañan, estar con el oído y el corazón abierto para trabajar con eso, siempre firmes como decía el Pelado Angelelli con “un oído en el Pueblo y otro en el Evangelio”. 

  • Podés sumarte a la comunidad virtual de Casa Angelelli siguiéndolos en sus redes sociales de Instagram y Facebook.

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